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Adela Fernández y las sabrosuras de la muerte

“Nada más lejano que el miedo a la muerte que ver a un niño disfrutando al comer una calavera de dulce”,

Adela Fernández.

Esta escritora y amante del arte era la hija del afamado director de cine Emilio “El Indio” Fernández. Era una gran creadora de libros de poesía, cuentos y narrativa y uno de los temas que más le apasionaban era la gastronomía.

Su libro Sabrosuras de la Muerte, de Editorial Laberinto, aborda la importancia de esta tradición para los prehispánicos, el anecdotario de lo que sucedía en los altares de esta mítica casa (con todo y travesuras de los espíritus- y las recetas para seducir los paladares de vivos y muertos).

Tamales de nuez y anís, tamales de ejotes y flor de calabaza, tamales de chipilín, pan de muerto, pozolillo verde, nicoatole de almendras, atole de especias, atole de alegría y más delicias son parte de este recetario, compilado por Fernández y Silvia Kurczyn, Elsa Kahlo y Atenea Magoulas.

Adela Fernández | Foto: Mariana Castillo

Adela Fernández | Foto: Mariana Castillo

Experiencias en la cocina

Sabrosuras de la Muerte es un trabajo que reúne muchas voces y experiencias culinarias. Según me contó Adela cuando tuve la fortuna de entrevistarla en 2011, su casa siempre estuvo en construcción y muchos albañiles vivían aquí; “fue a través de ellos que conocimos diferentes recetas de la República y lo mismo sucedió con los altares”, dijo.

Fernández reconoció el valor de grandes mujeres mexicanas como Patricia Quintana y Carmen “Titita” Ramírez Degollado y explicó que ella no se considera así, ni mucho menos puede definirse como gourmet.

Se confesó amante de la comida oaxaqueña y contó que los ingredientes que nunca faltan en su sazón son la gran variedad de chiles mexicanos, ajo, cebolla y “todas las hierbas que se puedan encontrar”, sobre todo, la hoja santa.

“Yo me considero guisandera de comida de munición, que es cuando tienes que dar de comer a muchas personas, como a los soldados en los cuarteles y se extienda a orfanatorios u hospitales. Por eso, casi todos mis guisos son con carne deshebrada, para que rindan”, explicó.

Poco a poco, Adela se adentró en historias interesantes relacionadas con la cocina y el comedor de esta emblemática casa, ubicada Zaragoza 51, esquina con Dulce Oliva, colonia Santa Catarina en Coyoacán, que era conocida por sus magníficas ofrendas temáticas que Adela preparaba con dedicación.

Compra este libro en Gandhi y sigue disfrutando de los sabores de Día de Muertos.

Agradecemos a la Casa del Indio Fernández su apoyo para esta nota.

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