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Estos artesanos trabajan la flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco

Estos artesanos trabajan la flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco

La jornada para la familia Raymundo Sánchez inicia desde las tres de la mañana y acaba a las once de la noche. Estos artesanos trabajan la flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco, en la región de Valles Centrales de Oaxaca. Desde que entras a su hogar, sabes que estás en un sitio donde el oficio importa: por doquier hay piezas, fotos de las generaciones anteriores y ese placer por mostrar lo que conocen y preservan.

Antes de amanecer, se empieza con la flor blanca, con la biushita, ya que esas sí se ven en lo obscuro. “Las de colores se usan en el día. La hora influye en la vista. También comenzamos haciendo los armazones”, explica Francisca Sánchez mientras Israel, su esposo, se acerca a platicar, con ese aroma a leña presente y el cielo azul, abierto y limpio.

En la otra habitación, entre el sonido de los pollos y los gallos, su hija Monserrat continúa su detallada obra para su participación en la Noche de Rábanos: una banda de músicos compuesta solo por mujeres. “Tenemos la misma fuerza”, afirma con una sonrisa tímida. Sus hábiles manos continúan un diálogo íntimo.

Más sobre la flor inmortal y su importancia

Francisca explica que también la nombran “siempre viva” o “siempre me verás así”, en esa forma poética y sencilla de bautizar lo que les importa. Confiesa que muchos ya no quieren trabajarla y que antes duraban 45 años, pero ahora por el calor se deshojan más. Las almacenan en cajas. “Si las pones en vaso de agua, se duermen y luego despiertan. De eso nos dimos cuenta”, añade. Esta especie se siente al tacto como si estuviera seca y tiene colores vivos que van del guinda al amarillo, pasando por el rosa y el naranja.

Su suegros, Manuel Raymundo y Reina Cornelio, fueron quien les enseñaron: hacían collares, pinos, coronas, querubines y calendas. “Eran más rústicas y nos fuimos grabando la forma de hacer las figuras. Mis hijas ya saben hacer muchas cosas más. Yo le gané el talento a mi esposo y ellas innovaron”, dice esta mujer sensible y cálida, que deja la conversación un momento para ir a preparar el desayuno.

Reflexiona: ¿por qué para algunos parece imposible ver que hay cambios e innovación en los oficios, en lo tradicional? Quizá es el discurso folklorista o quizá el clasismo que quiere seguir viendo la cultura en un museo o en vitrinas, y no en el día a día.

Israel es quien cultiva la flor. Ahora ya usa chanclas y zapatos, pero cuando iba a regar antes andaba “a puro pie” y el agua se jalaba con cántaro. “Hasta los 13 los usé. A veces me gusta volver a eso. Así estoy hallado”, dice este hombre de voz pausada.

La familia Raymundo Sánchez trabaja la flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

La familia Raymundo Sánchez trabaja la flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

Lo que vale y lo que cuesta en la flor inmortal 

Su taller está en la parte posterior de la casa: al conocerlo encuentras al guajolote que venderán para la próxima fiesta y algunos de los materiales que utilizan además de la flor inmortal, como la hoja de plátano seca y la astilla de carrizo, que es parecida al aserrín, pero que se obtiene al raspar con cuchillo esta planta. Algunas veces este polvito se pinta con anilina, otras se deja al natural, dependiendo del objeto y su estética particular.

Las piezas que más hacen tienen un valor desde 100 hasta 200 pesos, a pesar del arduo esfuerzo que esto representa. A veces al vender sus obras los nacionales les regatean: es más fácil que un extranjero quiera pagarles lo justo.

En el patio reposa un corazón de cinco metros en tres dimensiones que tardaron un mes en terminar y para el cual se usó más de un almud de flores y alambre. La cruz y el corazón son significantes para los que seguimos en este plano y los que ya se fueron, opina Francisca. Para ella simboliza amor, paz, humildad y vida.

“De verdad, nuestro trabajo es único. Es más, un día que fuimos a Oaxaca vimos un libro en el cual salimos. No lo tenemos. Vinieron, nos tomaban fotos y nadie nos lo trajo para verlo. En la tienda estaba en 300 dólares y nosotros ni sabíamos. La gente se pone el chaleco con el talento de otros. Eso no se vale, pero así es el mundo no lo podemos componer”, dice Francisca con pesar.

Corazón de flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

Corazón de flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

La vida en San Antonino Castillo Velasco

Llega luego el momento de beber el chocolate atole, una bebida de maíz y cacao caliente y exquisita que es parte del amplio repertorio oaxaqueño, con una espuma que ya quisieran lograr muchos cocineros contemporáneos así de rápido y constante. Se usa el alcahuete, una palita para saborearla como un regalo y un privilegio único.

Si bien uno de los platillos típicos más conocidos en San Antonino Castillo Velasco es la empanada de amarillo, que es de aspecto similar a las quesadillas del centro, pero con el característico toque herbal del cilantro y este mole con pollo típico de la zona, el menú diario depende de lo que cada familia tenga al alcance: ese día hay huevo fresco, chile de agua asado, pan surtido en horno de leña y tlayudas de maíz azul.

Mientras se “chopean” las conchas y panes de manteca, Francisca narra que casi no hay gente que se vaya “al otro lado” como en otras poblaciones, porque es un lugar de oficios.

“Nuestros antepasados nos dejaron un trabajo para que el día de mañana podamos comer. Nosotros entendíamos eso”, agrega.

Chocolate atole en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

Chocolate atole en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

También de rábanos es el talento

Laura, la hija más pequeña que tiene 16, también es hábil y participa moldeando rábanos. Sabe que para que se conserven hay que dejarles un poquito de tierra y rociarlos un poco con agua, si es que no se usarán aún. En su mesa de trabajo hay navajas y cuchillos de diferentes tamaños y de repente transforma una de estas plantas amorfas en una mujer con rostro, manitas y un rebozo en la cabeza.

“La primera vez fui sin saber nada, solo tenía el interés de tener una bicicleta”, dice. Ya ha ganado varias de ellas en otros años y también premios monetarios. Al principio, se ponía muy nerviosa, pero Monserrat y sus otros dos hermanos, que aún se dedican al campo y quienes ya no viven en la casa porque se casaron, le enseñaron y le dieron ánimos.

Una vez con el dinero que recibió se fue a conocer el mar por primera vez con sus papás y hermana. Llegaron a ver a la Virgen de Juquila y las olas. Es un recuerdo tan emotivo para todos que las lágrimas son parte de la charla en ese momento. Este 2018 hizo una escena en homenaje a las tortilleras de Oaxaca con alrededor de 200 rábanos.

Además de la flor inmortal, también se trabaja con el rábano en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

Además de la flor inmortal, también se trabaja con el rábano en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

El campo como inspiración

Aunque ayer la familia solo ganó el segundo lugar con la pieza de Israel, Francisca representó la vida del campo, la fuerza de su pueblo: desde las señoras con bebés que están ayudando, los hombres y animales arando, hasta aquellos que sin brazos ni piernas siembran la calabaza, los maíces amarillo y negrito. Aunque el pasaje para llegar al Zócalo de Oaxaca es costoso e invierten mucho tiempo en ir y venir, la esperanza de ganar los mantiene concursando.

“En la flor inmortal somos únicos. Quiero que nos escuchen los jóvenes, los estudiantes. Que puedan saborear lo que es ensuciarse las manos de tierra, que sigan estudiando pero que vean cómo es el trabajo del campo”, finaliza.

¿Dónde comprar estas piezas de flor inmortal? 

Visita a los Raymundo Sánchez en la calle de Independencia 57, en San Antonio Castillo Velasco, que está ubicado a unos 50 minutos del centro de Oaxaca. Conocer su taller y platicar con ellos te hará abrir tu mente a otras realidades y a valorar el trabajo de los artesanos.

Si bien la alfarería es a veces mucho más apreciada y mejor pagada, las artesanías elaboradas con flores, hojas de maíz y semillas, así como con palma o maguey son un reflejo de la vocación campesina de muchas comunidades rurales e indígenas de México. El entorno se refleja en el saber y no hay una que sea mejor que otra.

Cruces con flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

Cruces con flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco Foto: Mariana Castillo

Agradecemos a Adriana Aguilar, secretaría de Culturas y Artes de Oaxaca, su apoyo para esta nota. 

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¿Te animas a conocer más sobre la artesanía de flor inmortal en San Antonino Castillo Velasco?

Comments

  1. Mariana Castillo

    Gracias por leer esta historia sobre la flor inmortal y por dejarnos este comentario, Kathy. 🙂 ¿Qué otros temas te interesaría que tratáramos en este blog? Saludos.

  2. Gabriela Puente

    Gracias por esta historia, Mariana. Me encanta leer a gente que sí sabe escribir y entender lo nuestro.

  3. Mariana Castillo

    Hola, Gabriela: mil gracias por leerla. Tenemos muchas historias de gente talentosa y proyectos mexicanos increíbles, ojalá te animes a leerlos y cuéntanos si te interesa saber de otro tema en particular. Saludos. 😀

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