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Axolotitlán: un refugio en Coyoacán para el ajolote mexicano

Goliath está aprendiendo a cazar y a valerse por sí solo. Después de vivir ocho años en cautiverio, este pequeño ajolote mexicano se está adaptando para dejar la pecera en la que ahora vive y migrar a la vieja piscina de al lado ahora adecuada en un estanque para criaturas como él. Ahí se encuentran otros ajolotes que fueron rescatados; los tratan como reyes, pero no todos los ejemplares de esta especie corren con la misma suerte y se encuentran allá afuera luchando por sobrevivir, repitiendo así la historia de hace miles de años, la cual dio origen a su nombre en náhuatl: axolotl, “monstruo del agua”.

Según la tradición prehispánica, este pequeño anfibio es la reencarnación del dios Xólotl, quien con el fin de evitar la muerte en el sacrificio de la hoguera –para que la luna y el sol pudieran girar–, se escondió entre milpas convertido en planta de maíz de dos cañas, luego en una penca doble de maguey y finalmente dentro del agua, donde se transformó en un ajolote. En su último intento, el dios fue descubierto y condenado a vivir para siempre como un monstruo acuático.

Parecería que la adversidad no lo olvida: la sobreexplotación para usos medicinales y alimenticios, la urbanización, la contaminación del agua y los fertilizantes utilizados en la agricultura han ido acabando con el sistema lagunar y la red de canales, su hábitat. En los últimos años el hombre se ha convertido en su verdugo destinándolo a desaparecer de la faz de la tierra.

Ante el pronóstico que indica que si no se actúa, en 20 años la especie podría extinguirse, hay expertos y apasionados que velan por su conservación.  Una de ellas es Pamela Valencia, fundadora de Axolotitlán, refugio donde conocí a Goliath y otros ajolotes que ilustran la palabra resistencia.

Así nació Axolotitlán, el refugio del ajolote mexicano

Dentro de tres peceras y una piscina convertida en estanque, viven 15 ajolotes mexicanos o Ambystoma mexicanum, como se les llama científicamente. Pamela me cuenta que la mitad de ellos los recibió de personas que los tenían como mascotas, pero que en un punto no pudieron cuidarlos o mantenerlos más. La otra mitad son de ella y fueron la razón por la cual fundó este refugio, primero en Las Águilas, luego en el jardín de esta gran casa arbolada en Francisco Javier Mina 46, Coyoacán, donde nos encontramos.

“Un día me regalaron unos ajolotes; nunca había tenido uno, ni un anfibio, es más no había cuidado otro animal que no fuera un perrito. Tuve que investigar mucho y fue durante ese proceso que me di cuenta de la situación de estos animales tan espectaculares”. Explica que si bien no es bióloga, el interés que sus ajolotes adoptivos despertaron en ella fue suficiente para motivarla a poner en marcha una medida más de conservación.

“Yo soy publicista, y me he dedicado a promover proyectos orgánicos, sociales y sustentables, de consumo y comercio justo. Decidí trabajar con ellos porque no quería participar más en la dinámica de grandes marcas que son los principales responsables de la contaminación y enfermedades que aquejan al mundo”. En su nuevo trabajo, Pamela se relacionó con personas dedicadas a la ecología y medio ambiente que más tarde la asesoraron en el desarrollo del refugio.

“Este animalito llegó a mi vida para transformarla”, remarca mientras me presenta a cada uno de los huéspedes de Axolotitlán o Lugar de los Monstruos de Agua.

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Conocer y aprender sobre el ajolote mexicano

Goliath nada de un extremo a otro de la pecera, de repente hace pausas metiéndose entre las plantas. Pamela aprovecha esos momentos para señalar algunas partes del ajolote y comenzar a explicarme que se trata de un anfibio con adaptaciones asombrosas, por las que no solo México, sino el planeta entero debería dedicarse a su conservación.

“El ajolote mexicano es un animal endémico que tiene la capacidad de conservar sus características larvarias aun cuando madura sexualmente: es nuestro ‘Dorian Grey mexicano’. A diferencia de otros que hacen metamorfosis, es decir, se convierten en salamandras y pasan de un estado acuático a uno terrestre, el Ambystoma mexicanum siempre va a ser un joven que vive en el agua”.

Pero su eterna juventud es solo una de las muchas características inusuales que posee. Otra es “su capacidad de regeneración que ha llevado a científicos de todo el mundo especializados en el tema a estudiar la forma en que regenera sus extremidades, cola, mandíbula, piel, órganos, e incluso partes de su cerebro”. El ajolote tiene la apariencia de ser un simple renacuajo gigante, con patas y cola, pero es una especie bastante compleja que te hace querer saber más sobre ella.

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Axolotitlán surgió para satisfacer esta curiosidad, es por eso que además de abrir sus puertas a los ajolotes, recibe a cualquier persona para que se integre a las charlas de concientización y talleres lúdicos (ajolotes en barro, en peluche, máscaras) que Pamela y su equipo dan los fines de semana. Su intención es que puedan conocer mejor a esta especie y aprendan a cuidarla.

Siguiendo con su objetivo de preservación, el refugio comenzó a ofrecer consultas a las personas que tienen a los ajolotes como mascotas. La fundadora explica que el refugio no vende ni difunde la compra, pero sí asesora a aquellos que, por alguna razón, tienen en casa a un ajolote, pues es una forma de evitar que la especie siga en peligro.

“En el curso les explicamos la anatomía básica, el mantenimiento en cautiverio, las enfermedades comunes, la reproducción y también les hablamos sobre algunas acciones para su conservación”.

Pamela dice que la finalidad general del proyecto es difundir, enlazar y tener un punto de acción. Por ello “en Xochimilco organizamos brigadas de limpieza de los canales y paseos con los que buscamos que la gente conozca la zona chinampera fuera del mariachi, el alcohol y la fiesta”. De esta manera, se suman al rescate del hábitat del ajolote mexicano.

Seguir por el “monstruo del agua”

El refugio está en sus primeras etapas. Para agrandarlo faltan recursos, sin embargo, Pamela y sus aliados siguen impulsándolo. Y es que si algo ha aprendido al estar al cuidado de los ajolotes de Axolotitlán es a no rendirse.

“Los ajolotes mexicanos me han mostrado con su capacidad de regeneración que si te caes te puedes volver a levantar”, expresa con una sonrisa mientras voltea a ver a los ejemplares del refugio. “Pero, sobre todo, me han enseñado a resistir, porque a pesar de tener todo en contra para sobrevivir, ellos siguen aquí”.

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Más información sobre el refugio del ajolote mexicano

Si te interesa conocer más sobre esta especie en peligro de extinción y deseas apoyar la iniciativa de protección del ajolote mexicano, puedes contactar a Pamela Valencia en:

Sitio oficial: axolotitlan.mx
Facebook: AxolotitlanMX

Recuerda, las charlas y actividades se organizan dentro del refugio los domingos, de 10:00 a 15:00 horas.

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