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Colima, el pequeño gigante cultural

Colima cumple la regla de que no hay que juzgar a nadie ni nada por su apariencia. Este estado puede ser de los más pequeños en extensión en el país, pero es gigante en riqueza biológica, histórica y cultural. Al visitarlo, verás volcanes, playas, lagos, lagunas y bahías; conocerás su extensa cultura alimentaria, pero, sobre todo, platicarás con los colimotes, quienes te recibirán con los brazos abiertos y te contarán de su quehacer cotidiano.

Al recorrerlo y ahondar en su génesis histórica, sabrás más de su importancia en el occidente mexicano; que es vital para entender a esta región que, más allá de dividirse políticamente, se une a través de diferentes rasgos íntimos en común, como la comida y las artesanías. Colima significa “lugar donde domina el dios del fuego”, lo que hace alusión a sus volcanes, el de Fuego y el Nevado de Colima, testigos míticos de lo que en su terruño sucede.

El tlalchichi, ese perro de patas cortas que existía y se documentó en el Códice Florentino y las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún, se ve aún representado en diferentes figuras de cerámica colimota. Una de estas explica la cosmovisión presente de esta zona en una alegoría de relieve: un perro viejo le susurra al oído su experiencia al perro joven. Así, Colima hurga en su pasado, del que sigue construyendo un presente prolífico. Eso es lo que debe contarse.

El tlalchichi, ese perro de patas cortas que existía y se documentó en el Códice Florentino y las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún

El tlalchichi, ese perro de patas cortas, icónico en Colima Foto: Mariana Castillo

La biodiversidad de Colima

Tal vez de lo más conocido del estado es Manzanillo, que tuvo su auge turístico moderno en las décadas de los cuarenta y los cincuenta, aunque su importancia comenzó cuando el capitán Gonzalo de Sandoval llegó hasta el Puerto de Salahua, en 1522.

Es importante decir que, sin embargo, hay más que mar y arena, a Colima la colman diferentes zonas ecológicas, según se lee en La biodiversidad de Colima. Estudio de Estado, publicado por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.

Hay áreas cálidas y húmedas como Manzanillo y alrededores; también zonas templadas en la serranía y los volcanes, como el caso de Comala; existen pinares y encinares en lugares como Quesería, norte de Los Colomos, noroeste de Zacualpan y sureste de Minatitlán; y manglares, estuarios y lagunas costeras como Cuyutlán, solo por mencionar algunas.

Lagunas costeras como Cuyutlán y sus salineras

Lagunas costeras como Cuyutlán y sus salineras en Colima Foto: Mariana Castillo

La comida como testimonio histórico-cultural 

La comida es una excelente forma de explicar de manera sencilla, cercana y deliciosa lo variada que es la cultura colimota. En Colima, una Gran Travesía Gastronómica, de Nico Mejía, se encuentra el artículo “Cuarenta Siglos de Gastronomía”, de los investigadores Daniel Zizumbo y Patricia Colunga, en el que cuentan que hace más de cuatro mil años llegaron los primeros habitantes de la región “trayendo en su memoria aprendizajes de quienes, hace varias generaciones, migraron de Asia al frío norte de nuestro continente y tomaron camino al sur cruzando una amplia diversidad de ecosistemas antes de llegar aquí”.

Hace 500 años, llegó la segunda migración con la que se conformaría el territorio colimote, que designa no solo lo comprendido en Colima, sino, a modo de tríada regional de similitudes bioculturales, también lo que abarcan los estados vecinos como Jalisco y Nayarit. Los españoles no fueron los únicos que llegaron en esta mezcla, trabajadores africanos y asiáticos aportaron sus saberes y sabores interactuando y cambiando lo que ya existía.

Entretanto, la Nao de China es un hito innegable en los siglos XVI y XVIII, que persiste en costumbres como el consumo de tuba, aporte de los filipinos, los llamados “indios chinos”. A finales del siglo XIX, el establecimiento de batallones franceses en la región de Jalisco, Michoacán y Colima reforzó algunas costumbres como el consumo de pan y confites como el ante. ¿Por qué la gastronomía sigue siendo un testigo vivo? Gracias al paisaje y su aprovechamiento.

Los sabores de Comala: desde platillos típicos hasta pan tradicional

Los sabores de Comala en Colima: desde platillos típicos hasta pan tradicional Foto: Mariana Castillo

Artesanos, arte y artesanías: otro mensaje vivo

Si bien el Exconvento de Almoloyan, que data del siglo XVI, es de los pocos testimonios de arquitectura virreinal que aún son visibles, La Petatera, esa plaza de toros que se erige en Villa de Álvarez cada año en honor a San Felipe de Jesús con petates, es un baluarte de la identidad colimota y es fruto de la interacción de diferentes creencias y conocimientos.

Alejandro Rangel Hidalgo, artista colimense de formación autodidacta, se interesó por la cultura antigua de la región occidente, por lo cual comenzó una colección de piezas prehispánicas (algunas datan de los años 600 a 500), que se exhiben junto con su obra, tanto pictórica como de muebles y herrería, en el Museo Universitario que lleva su nombre, y que abrió sus puertas en Comala hace más de dos décadas.

Los artesanos de Colima también son patrimonio vívido, ya que maestros como Guadalupe Candelario narra que, hoy en día, siguen usando maderas locales como colorín, cuajiote, papelillo o la galeana, que son naturaleza y material para poder danzar y seguir las tradiciones indígenas de Suchitlán. Juan Zamora, quien transforma el cuero en calzado, y José Luis Ríos, quien usa arcillas locales para elaborar réplicas de aquellos objetos prehispánicos que nunca vio, pero conoció en los libros, son ejemplo de la vitalidad de las manos colimotas.

La Petatera de Colima, la plaza de petates que se reconstruye cada año

La Petatera de Colima, la plaza de petates que se reconstruye cada año Foto: Mariana Castillo

El viaje por Colima continúa

Aún hay más qué narrar sobre Colima y su cultura. Por ejemplo, en cuanto a sus tradiciones musicales existe el mariachi, pero también el son abajeño que se difundió en pueblos colimotas (pues venía de áreas vecinas de Jalisco y de Michoacán), afirma David Oseguera en “El son en Colima. Indicios de la región cultural y la identidad regional”.

Otro tema es el tuxca, el nombre que se le da a los mezcales de Zapotitlán de Vadillo, Tuxcacuesco y Tolimán, que, aunque están en el sur de Jalisco, tienen más similitudes con la coordenada cultural colimota que con ciudades como Guadalajara o Tequila. Las variedades de agaves son muchas, lo cual también es rasgo de pluralidad biológica; y la presencia del destilador filipino para lograr este destilado (como con el que se elaboraba el vino de cocos) es un punto de confluencia que nos hace ver que, en poca extensión, puede mirarse lo extraordinario. Ya te contaré más de esto.

Zapotitlán de Vadillo y su paisaje agavero Foto: Mariana Castillo

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