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Comida para niños, jugar con los sabores

Cuando era  pequeña me ofrecían la típica carta con “comida para niños”, pero no se me antojaba o me dejaba con hambre (mi apetito era voraz desde aquellos días). Que algunos sólo tuvieran barritas de pescado congelado, papas a la francesa de bolsa o nuggets fritos de caja no era tan apetitoso.

¿Por qué comería esos alimentos sin alma si mi mamá me hacía quesadillas y gorditas con mucho queso; cocteles o caldos de camarón, o sándwiches en pan fresco con diferentes rellenos; o si salíamos a lugares en los que había pescados empapelados, pulpos o sushi? Y sí, claro que me gustaba comer hamburguesas, hot dogs, papas fritas y demás antojos como a cualquier niño, pero saber que había un mundo por probar era una increíble posibilidad.

Aunque me restringían algunos alimentos muy procesados, como el refresco de cola, las papitas de bolsa y las galletas industrializadas, mis padres me dejaban elegir lo que se me antojara cuando íbamos de viaje o salíamos a comer y me daban a probar sabores diferentes todo el tiempo en casa. La frase “eso no es para niños” no existía en su vocabulario. Cuando viajábamos, probábamos de todo en familia y buscábamos la comida típica del lugar, las sobremesas larguísimas eran gosozas y estaban acompañadas con música, que casi siempre era rock. La glotonería puede heredarse, pues soy tan antojadiza como mis padres.

La razón por la que comparto estas vivencias personales es para explicar que el mundo de los sabores es algo que puede ampliarse para los niños, si sus padres los alientan a ir de la mano con ellos descubriendo, disfrutando y creando memorias. ¿Estás seguro de que quieres que tu hijo crezca comiendo sólo las sales y azúcares saturadas de los “menús infantiles”?

Cocineros y sus hijos

María Teresa Ramírez Degollado de Artesanos del Dulce es hija de la legendaria cocinera mexicana Carmen “Titita”. Ella cuenta que su madre le enseñó a comer de todo y eso es lo mismo que ella hace con sus dos hijas, Renata y Regina. Ellas son auténticas aventureras y prueban una gran variedad de comida. Incluso, me contó que llevan chapulines de lunch a la escuela, y ante la mirada extraña de los otros que sólo llevan sándwiches de jamón, los disfrutan.

Otro ejemplo de cocineros y sus hijos es el de Azari Cuenca de Grupo Litoral, quien hace tiempo subió en su perfil de Facebook un divertido video en el que sus hijas daban sus opiniones sobre los alimentos que acababan de comer. Ambas niñas, muy serias, explicaban que les gustaba la textura y sabor de unos mariscos. Los infantes son muy inteligentes como para limitarlos en aspectos como la alimentación. De hecho, una de ellas, Taiz, participó en el programa Master Chef Junior.

“Melindroso” es una palabra que se usa en el vocabulario popular para hablar de quien no quiere comer o es muy especial al hacerlo. Es normal que seamos “melindrosos” con aquello que no nos gusta, pero si nos atrevemos a probar más seguido, nuestro universo gustativo se ampliará. Las texturas, los sabores y las temperaturas nos darán más herramientas para conocer su entorno sin tanto miedo a lo desconocido.

“Un niño mexicano está educado en el dulzor, la acidez y el picante, cosa que un niño europeo ni puede soñar. A partir de aquí hay que acostumbrar al público a que en un postre caben todo tipo de matices (open mind). Es cuestión de romper fronteras y atreverse”, dijo Jordi Butrón hace tiempo.

Deja que tu hijo disfrute y descubra sabores: no hay límites. Foto: Mariana Castillo

Algunos consejos

Éstos son algunos consejos que te sugiero para que tus hijos coman mejor. No soy mamá, pero sí soy hermana mayor y tía, por lo cual la experiencia empírica me ha hecho descubrir estas ocho reglas:

  1. Cocina con ellos: se involucrarán de forma diferente con su comida, pues socializarás con ellos creando recetas
  2. Llévalos a alguna granja y al mercado: entre más conozcan de dónde vienen sus alimentos más se humanizarán con éstos y no sólo los verán en el supermercado
  3. No satanices lo que a ti no te gusta ni los restrinjas en demasía: si a tu hijo se le antojó un helado o un dulce, cómpraselo cuando lo amerite, sin excesos, y eligiendo la calidad de los mismos. Disfrutar es parte intrínseca de alimentarnos
  4. Dale el ejemplo: cambia tus hábitos para que tus hijos sigan tu ejemplo. Si ellos ven que comes verduras, será más fácil dárselas
  5. Sé paciente y amoroso: nada se logra con regañarlos para que coman como tú dices. El amor es una forma de enseñanza mucho más efectiva
  6. Déjalos decidir: escúchalos sobre sus gustos. Les darás confianza y ayudarás a que formen su personalidad, incluso en temas alimentarios
  7. Cuéntales sobre lo que están comiendo: a muchos niños les gustan las historias y qué mejor si creas narrativas que los hagan interesarse en lo que comen
  8. Ten a la mano snacks saludables en tu hogar: en lugar de darle un chocolate que no lo es, busca una barra con mayor cantidad de cacao, dale un amaranto o congela agua fresca y dale hielitos de sabor.
Cocina con tus hijos, es una buena forma de entretenerse y relacionarlo emotivamente con la comida Foto: Mariana Castillo

Cocina con tus hijos, es una buena forma de entretenerse y relacionarlo emotivamente con la comida Foto: Mariana Castillo

¿Comida para niños?

Si reflexionamos sobre esto, la pregunta que surge es: ¿por qué seguir dándoles a los niños sólo frituras, alimentos procesados o alimentos extradulces en los menús infantiles? Ana Arizmendi, Health Coach del sitio Fácil de Digerir, dijo una frase con la que estoy de acuerdo en el texto Los menús infantiles en los restaurantes: “los niños no necesitan comida ‘especial’ ni ‘para niños’, todo eso es una invención del marketing y no se basa en ninguna recomendación médica ni estudio científico”. La alimentación de los niños debe ser balanceada, dependiendo de su actividad física, pero entre más tipos de sabores prueben estarán más abiertos a recibirlos.

No olvido las gorditas de frijol con hoja de aguacate, el mole de olla, las “indias bonitas” (gelatinas de leche con chocolate) o el flan napolitano que hacía mi abuela Amparito. Tampoco el agua de limón que hacía mi abuelo Emilio ni los chocolates Nena o de ositos que me regalaba mi bisabuela Reyna. Nada me hace más feliz que una sopa de papa con acelga, un caldo de camarón o un tamal de piña con pasas de mi mamá, quien era una maestra de los lunchs escolares: llevaba hasta tuppers con varias divisiones, porque había opciones dulces, frías, saladas, crudas o cocidas en diferentes combinaciones. Chelo sigue siendo mi cocinera preferida. En mi caso, sí se cumple eso de que el amor entró por la boca.

¿En el tuyo? ¿Qué opinas sobre el tema?

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¿Qué te parece este tema de la comida para niños? Cuéntanos qué viviste tú.

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