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Comida y amor en la cultura nahuat

El doctor James Taggart ha estudiado a las emociones y cómo estas forman una parte importante de la memoria colectiva en la cultura nahuat, y la comida es uno de los elementos culturales significantes más poderosos para ellos.

No es gratuito cuando decimos que la comida cocinada con amor es más rica y muchos mexicanos sentimos un vínculo cercano con la comida y con quien la preparaba, pero ¿qué nos contó este especialista sobre este pueblo originario?

Él presentó esta interesante investigación en la Coordinación Nacional de Antropología y en este texto te cuento más al respecto para que conozcas más sobre la cosmovisión de esta comunidad.

¿Quiénes son los nahuat?

Taggart realizó un interesante trabajo de campo en Huitzilán de Serdán, a 40 kilómetros de Cuetzalan del Progreso en la Sierra Norte de Puebla, y llegó a la conclusión de que emociones como el amor y la envidia se relacionan con los sabores y los alimentos a través de ritos y expresiones orales de los nahuat (sí, ese término también es correcto para designar al grupo social con el que él realizó su estudio, aunque normalmente sólo se conoce nahuatl o nahua).

Rito de matrimonio en la cultura nahuat: dar y recibir

En una fotografía observamos un rito matrimonial. Taggart explicó que cuando los nahuat se casan lo hacen en la casa del novio, lugar donde la nueva pareja vivirá. Están presentes ocho actores principales: los novios, los padres de ambos y los padrinos.

Se comen dos guajolotes, mole, tortillas y aguardiente, todo enmarcado por un adorno de flores y bolillos (que son “para que siempre haya pan”, en palabras de los nahuat con los que charló Taggart).

Ese adorno asemeja un árbol que los enamorados intercambiarán como un símbolo de amor y abundancia (que el especialista asoció con el mito de Tamoanchan) y que a su vez simboliza la estrecha relación agrícola de estos pueblos, tan importante para la comunidad por ser su sustento.

Comida y amor en los nahuat

Las mujeres ofrecen tortillas con mole a sus parejas y viceversa, como una muestra del amor que va y viene. Me parece sumamente bello que se conciba al amor como un ciclo constante de dar y recibir, como un equipo dinámico que siempre trabajará en comunión y no desde una visión individualista.

Los ahora esposos se servirán en una reciprocidad de trabajo como una muestra del cariño que se profesan. En aquel entonces, los hombres trabajaban en el cafetal, la milpa o como jornaleros y las mujeres en la casa, con los hijos, lavando la ropa, haciendo el nixtamal y elaborando los alimentos. Poco a poco, estas actividades se han ido modificando.

Cambios culturales

Si bien con el paso del tiempo las actividades económicas, las costumbres y algunos elementos que Taggart observó al inicio cambiaron, como la consistencia y sabor del mole (que empezó como un guisado más acuoso y que es ahora más espeso, elaborado con chocolate y galletas por una cuestión de transculturación), el centro del rito continúa con el fin de preservar esa esencia de la tradición y la identidad.

Sobre las reflexiones realizadas respecto a los cambios que existen en la significación de la comida que los nahuat cultivaban para el autoconsumo (que poco a poco es menos) y la que ahora se compra en tiendas Taggart expresó que todo dependía de los contextos y usos de ese intercambio y el alimento, y que si las cosas se dan con “buena fe” es bien recibido pues es parte de ese acto de agradecer y ofrecer.

Amor y envidia que se expresan en el sabor

Taggart continuó explicando el sistema de significación social asociado con el sabor y las emociones y explicó que en el sistema de significación nahuat el amor se siente primero en el corazón y luego en el estómago.

También contó que se asocia el tipo de sabores a lo que se siente por el otro. Así, la envidia está relacionada con lo amargo (chichic) y el amor con lo dulce (tzopec).

Para dar un ejemplo de esto Taggart habló de la leche materna: se le ofrece al bebé recién nacido un alimento dulce, que es parte de un intercambio amoroso. Al contrario de cómo se describe la amargura de la soledad y no tener a quien compartirle el alimento.

Lo que dicen las parejas

Taggart presentó diferentes declaraciones entre parejas, familias y los recuerdos de seres queridos ausentes. Uno muy emocionante fue el de la señora Gabriela que expresó que “vivir sin amor es sufrir” y esa felicidad estaba asociada con el placer de sentir cariño, comer y gozar del placer sexual.

Otro fue el de la señora Josefa quien recordó el cariño de su madre relacionado con la comida que les preparaba y la calidez que sentía cuando ella les ofrecía sus platillos. “Siempre cuando ella estuvo hubo humo en la casa”, leyó Taggart en la traducción.

“La envidia es como el hambre. Uno quiere lo que tiene el otro”, se expresó por los habitantes de este lugar, quienes relacionan esta emoción con la enfermedad y el “corazón torcido”.

Más sugerencias

Así, una vez más quedó maravillada ante lo amplio y vital que es estudiar, analizar y compartir la información sobre el entorno alimentario en México.

No sólo comemos para sobrevivir o sentir placer por disfrutar deliciosos sabores sino que damos al sustento vital otras connotaciones que hablan de nuestro sistema de valores, creencias y representaciones simbólicas.

Hace poco fui a una boda mixe y esto es lo que viví, relacionado con este tema de amor, reciprocidad y comida:

El tepache que se toma en las bodas mixes lleva maíz y piloncillo

Hay muchos tipos de tamales en Oaxaca y estos son dos de la región Mixe

Además de la cultura nahuat, ¿de qué otros pueblos originarios te gustaría conocer más al respecto?

Agradezco a Laura Corona, Catharine Good y los organizadores del Seminario “Las cocinas y las historias culinarias de México” su apoyo.

Fuentes:

  1. Good, Catharine y Laura Corona (coordinadoras). Comida, cultura y modernidad. Perspectivas antropológicas e históricas. Coedición INAH, CONACYT y SEP, 2012.
  2. www.arqueomex.com

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