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Cucalambé son jarocho, de Tlacotalpan al escenario

Cucalambé son jarocho es un grupo conformado por cuatro músicos originarios de Tlacotalpan, Veracruz. Si bien lo formalizaron en 2007 en Ciudad de México, tocaban ya desde 2003… y mucho antes. Se consideran una familia: se conocen desde niños, aprenden uno del otro y enfrentan los retos de ser músico tradicional.

Francisco Sandria, Juan Pablo Sosa, Javier Sánchez y Armando Aguirre son cómplices que se unen al tocar. Cuando conocí a Paco y a Armando dimos un paseo por la ribera tlacotalpeña. A la menor provocación, entre haciendas olvidadas en medio del río y becerros pastando al ocaso, sacaron su jarana y se pusieron a tocar y versar.

Ellos vienen del lugar en que el Día de la Candelaria se celebra a lo grande, entre fandangos de algarabía, toritos dulces para beber y toros adornados que se pasean por el río; en donde las aguas del Papaloapan son parte de la identidad y marcan su forma de vivir y de ver el mundo.

Paco Sandria de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Paco Sandria de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Cucalambé son jarocho: ¿qué los hace distintos?

Cada uno tiene inquietudes musicales distintas que logran darles personalidad y los hace diferenciarse de los demás soneros: Juan Pablo hace zapateados diferentes a los del son jarocho, Paco también toca cumbia, Armando es salsero y a Javier le gusta el reggae, así que integran estos ritmos en su música.

“He sido de la idea de que el son jarocho, si bien es tradicional, puede tener una fuerza distinta debido a lo que cada uno conoce. Mucho de eso que expresamos lo hacemos a nuestra manera, como lo sentimos y como nos gusta. Tocamos La iguana, El butaquito, el Zacamandú, pero los vamos adaptando para que al público le lleguen. A veces mucha gente no lo disfruta porque piensa que es una música antigua, que está medio aburrida”, explica Armando.

Quizá para poder adentrarse en la música tradicional hay que pensar que no tiene la misma intención que la de otros géneros: no solo se interpreta para vender discos, llenar foros o tener fanáticos. Esos sonidos hablan de la naturaleza y la cultura de un sitio: son testigos de como se ha vivido y se vive ahí. Tal vez sea una de las formas más honestas de acercarnos, desde varias épocas y sus novedades, a una otredad desconocida –o no tanto–.

Armando Aguirre de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Armando Aguirre de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Vivir de la música: ¿qué opina Cucalambé son jarocho?

Paco cree que el camino en todas las artes es difícil, sobre todo si uno se dedica a la rama del arte popular y no la académica, pues, en su opinión, hay una brecha importante entre ambas, ya que no se valoran de la misma forma. En su caso, es laudero y lo combina con el grupo, pero considera que las puertas no están abiertas para todos. Una de las formas en que obtienen ingresos es participando en festivales como el de la Fiesta de las Jaranas y las Tarimas, que están dedicados 100% al son, pero la oferta no es tan amplia.

“Hay veces en que nos toca convivir con otras expresiones musicales, y, aunque el público lo reciba muy bien, las autoridades son las que meten el pie tratándote de una manera distinta a los artistas que apoyan los medios de comunicación, que son parte de disqueras que los manejan de forma masiva. Estas personas, en lugar de favorecer a todos por igual, discriminan las artes populares tanto en las cantidades que se paga como en el trato, y en todo. Hay que estar luchando contra eso”, dice.

Armando y Javier no tienen como único sostén económico su oficio de soneros: el primero se dedica a la seguridad privada y el segundo estudió Comunicación y hace posproducción de video para canales de televisión. Por otro lado, Juan Pablo opina que en México, desafortunadamente, se aprecia poco que alguien dedique su vida a las artes. “Ojalá en el país cambiara eso y que se reconociera no solo el son jarocho, sino todo lo que tiene que ver con arte, baile, teatro, pintura y más. Pasa lo mismo con la gente que estudia y no estudia: el papel no habla, sino tu talento y lo que te sale del corazón”, añade.

Juan Pablo Sosa de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Juan Pablo Sosa de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Veracruz y su contexto social

Este estado enfrenta una crisis social debido a la violencia, y esto afecta a los creadores de manera directa. Javier dice que se vive mucha inseguridad, lo que trae consigo otras crisis como la falta de derrama económica y el desempleo, además del desarraigo por el terruño de las generaciones más jóvenes.

“Veracruz, al igual que otros estados, siempre se ha visto afectado porque la familias tienen que partirse e ir a trabajar a otros estados o países. Hubo un momento en el cual se había estabilizado esa migración un poco y la gente había decidido quedarse para tocar y jugársela aquí, por nuestra cultura, pero la nueva oleada de inseguridad también trae consigo el desánimo de que las personas no vean otra opción más que irse y dejar a un lado su tierra, su identidad y su cultura”, añade.

Por fortuna y en contrapeso a esto, en la actualidad hay más personas que enseñan, de manera formal, son jarocho tanto en Tlacotalpan como fuera de él. “Hay más público y hay más que pueden salir a dar talleres y a enseñar a hacer fandangos. Antes era un poco rudimentaria la manera de enseñar: solo se tenía que aprender viendo y siguiendo a quienes lo hacían. Ahora no, ya que se puede decir que hay técnicas para casi todos los instrumentos. Siento que también es muy importante que haya esta diversidad de maestros porque también puedes acoplarte con alguna persona y con otra no”, expresa Armando.

Ante este panorama, ellos continuarán tocando cada vez que se pueda, buscando que más se acerquen y se diviertan con Cucalambé son jarocho. No podrían hacerlo de otra forma: lo llevan en la sangre y lo respiran, pues más que un trabajo o una moda, es algo intrínseco en su vida.

Javier Sánchez de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Javier Sánchez de Cucalambé son jarocho Foto: Mariana Castillo

Los sones preferidos de Cucalambé son jarocho

Armando: “Me gustan los sones fuertes. Entonces, en su momento, me gusta bailar y tocar El toro Zacamandú y El zapateado”.
Paco: “Pues a mí me gusta el Son del cascabel; creo que fue uno de los sones que más trabajo me costó aprender, pero ya de últimas le agarré bastante cariño y siento que también representa mucho cierta fuerza, como un son que las mujeres bailan con mucha energía”.
Javier: “Me pasa algo muy curioso: no hay un son que me haya gustado siempre, los prefiero por épocas o temporadas. Ahora me gusta mucho El Siquisirí, porque tiene un ritual y es el primero que se toca en los fandangos, lo bailan las mujeres y puedes cantarles a ellas”.
Juan Pablo: “A mí me gustan todos. Creo que cada uno tiene su gracia y una parte bonita que complementan. A mí me gusta el son jarocho”.

Más información:

Facebook: cucalambeandoelson

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