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Cynthia Martínez, un sueño hecho realidad gracias a la cocina

Cynthia nació en Reyes Etla, Oaxaca y cuenta que ella aprendió a cocinar porque era un requisito por ser mujer; era el clásico “para cuando te cases”. Cuando su mamá murió, ella quedó al cuidado de Ángela Martínez, su abuela, quien la llenó de los sabores de esas ricas tierras que recuerda con cariño, como los 36 ingredientes del mole negro. Ella también le preparaba una sopa de frijol con hoja de aguacate, que es uno de los platillos más entrañables para esta cocinera

Añora los cuartos llenos de pan de yema para Día de Muertos, el pollo en hoja de aguacate, el requesón, la mantequilla, la visita al molino y también el acto tan especial de cuando su abuelita hacía chocolate calentando el metate a fuego bajo.

Pero a pesar de este lazo con Oaxaca, Michoacán fue donde descubrió su vocación. Su destino la llevó a esta región gastronómica porque su abuelo paterno deseaba tener un restaurante. Servando, su hijo y padre de Cynthia, lo ayudó a cumplir ese deseo llamado restaurante San Miguelito. Ella debía hacerse cargo de la caja, el almacén y las compras.

Nunca imaginó que sería el inicio de dos décadas de carrera en la gastronomía. El 6 de marzo de 1995 este recinto culinario abrió sus puertas para convertirse en un ícono en Morelia. No estaba en su plan de vida y le encantó descubrirse y conocer la pasión que traía dentro.

Algunos platillos clásicos de este sitio son los tacos sudados de chicharrón prensado, el queso frito y el pastel de elote que siguen en la carta desde aquellos años, pero ahora hay nuevos clásicos como el chicharrón de cecina, una receta que Cynthia aprendió a hacer en la región de Agua Caliente y que guarda como un tesoro precioso. Mención aparte merece su colección de 800 “San Antonio de cabeza”, que popularmente se conoce como “El rincón de las solteronas” y al que acuden muchas mujeres año con año pidiendo su “milagrito”.

Cynthia apreció más lo valioso y lo profundo de las cocinas mexicanas en los Encuentros de Cocineras Tradicionales de Michoacán. Ahí conoció a la cocinera purépecha Benedicta Alejo. Se hicieron amigas, y con el tiempo, colegas y compañeras de trabajo.

En esos encuentros se percató de que existía más cocina de la que pudiera imaginar. Opina que nos cuesta trabajo vernos y saber que somos valiosos; le da mucha emoción que todavía haya cocina por descubrir porque la volteamos a ver.

Ella no solo celebra la Declaratoria de la Gastronomía Mexicana como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad con el paradigma michoacano desde 2010 sino que llama a ver este nombramiento como una responsabilidad. Cynthia promueve la labor de cocineras como Rosalba Morales, Cayetana Nambo y muchas mujeres más que dedican sus vidas a los fogones.

Su intención es que las recetas no se pierdan y da como ejemplo la corunda de agua, un tamal del tamaño de un melón que tenía más de 40 años que no se hacía en San Lorenzo. Ésta se daba cortada en trozos a los campesinos para aguantar la jornada y las Alejo la trajeron a la luz nuevamente. Ama el habanero chocolate, con el que tiene un idilio por su aroma “místico y sensual”. Ella ya no tiene sueños: gracias a Dios vive el suyo gracias a la cocina.

Si quieres visitarla ve al restaurante San Miguelito en avenida Camelinas en contraesquina del Centro de Convenciones, a un costado de La Paloma, en Morelia, Michoacán.

Y aprende a preparar unas tiritas de pescado con la receta que Cynthia nos compartió.

Fragmento y adaptación de mi entrevista previamente publicada en la revista impresa Soy Chef 70.

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Foto: Cortesía

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