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Día de Muertos en México, tres miradas sobre la festividad

Y es que allá el tiempo es muy largo. Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupan como van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza.

“Luvina”, Juan Rulfo

Dar y recibir. Así es la cosmogonía de muchos pueblos en México. El Día de Muertos es de los mejores ejemplos para hablar de ese concepto de reciprocidad que permea en la cultura de diversas regiones.

Adela Fernández, Miriam Manrique y Margarita Warnholtz invitan a la reflexión sobre este festejo. Cada una desde su campo de estudio aportó una opinión sobre este momento del año en el que el mundo de los vivos se une con el de los difuntos.

A veces pensamos que al vivir en una urbe como la Ciudad de México las tradiciones no se encuentran tan arraigadas como en las poblaciones al exterior. Si bien Halloween es parte de la actualidad debido a la mezcla de culturas, el Día de Muertos es una tradición que sigue vigente.

¿A Pátzcuaro en Día de Muertos? 

El anterior es el título del texto que Margarita Warnholtz, etnóloga egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, escribió sobre la sobre explotación de esta fiesta como oferta turística y tema mediático en el diario digital Animal Político el 26 de octubre de 2012.

Pocos análisis me han gustado tanto como éste para hablar del Día de Muertos como algo que debe respetarse porque involucra a personas y que no debe ser usado como algo vistoso solo con fines de promoción turística.

“Los purépechas que viven en Janitzio y en comunidades a la orilla del lago, ya no hallan qué hacer para poder convivir con sus muertos en paz. Según me han contado (voy a Pátzcuaro seguido pero nunca he ido en día de muertos) los camarógrafos pisan las tumbas buscando una buena toma de las de enfrente y les piden que se hagan a un lado para acomodar los reflectores; los antropólogos los acosan con preguntas como por qué ponen 60 veladoras y no 70 (y se decepcionan cuando la respuesta es “porque no me alcanzó para más” en lugar de referirse a algún simbolismo exótico del número en cuestión). Los turistas preguntan si no les venden los tamales que van a poner en la ofrenda, o dónde pueden comprar unas cervezas (para bebérselas ahí en el cementerio)”, se lee en el artículo.

Lo valioso de la reflexión de Margarita es que aunque es algo que puede causar escozor es verdadero: la mediatización extrema de las fiestas no es tan benéfica para las comunidades. Ante todo es importante entender las celebraciones y a las personas con menos arrogancia y sentimiento de supremacía cultural.

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Panteón en Pátzcuaro

Miriam Manrique, mezcla cultural en la capital

La maestra Miriam Manrique de la Escuela Nacional de Antropología y miembro del diplomado Cocinas y Cultura Alimentaria en México, ha estudiado diferentes manifestaciones culturales y alimentarias en pueblos de la Ciudad de México, como Mixquic y Santiago Zapotitlán de la Delegación Tláhuac desde un enfoque etnográfico, con el fin de conocer más sobre esta celebración.

“En los pueblos dentro de las ciudades existen muchos elementos en sus celebraciones de Día de Muertos que están ligados a prácticas y creencias de las antiguas culturas mesoamericanas, en especial la ofrenda doméstica para las almas de los difuntos”, dijo.

Ella opina que aunque la cultura es dinámica y está atravesada por permanencias y cambios. Cree que Halloween a veces es absorbido por nuestras tradiciones. Agrega que eso en muchas ocasiones, “va en detrimento de la cultura porque representa intereses que trivializan y mercantilizan estas conmemoraciones”.

“Los habitantes de Mixquic dan la bienvenida a las almas con las ofrendas en las casas y la despedida a las mismas con una iluminación en el panteón. Para los turistas, es una forma de acercarse a tradiciones ancestrales, aunque para otros es solo diversión”, explicó.

La comida es el centro de la celebración y en los pueblos se sirve para agasajar a las almas de los familiares que vienen de visita. Sin embargo, es también a través del trabajo que cuesta hacer los alimentos. “Les estamos otorgando reconocimiento pero también amor y respeto, ya que en la tradición mesoamericana, el ofrendar trabajo es la mejor forma de otorgar amor”, agregó. El mixmole de pescado es típico de Mixquic y la receta de pan de muerto es muy especial en Zapotitlán, ambos en Tláhuac.

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Catrinas que comen quesadillas con vampiros

Adela Fernández y las sabrosuras de la muerte

Esta escritora y amante del arte, hija del director de cine Emilio “El Indio” Fernández, fue una creadora de libros de poesía, cuentos y narrativa. Uno de los temas que más le apasionaban era la gastronomía.

Su libro Sabrosuras de la Muerte de Editorial Laberinto, abordó la importancia de esta tradición para los prehispánicos, el anecdotario de lo que sucedía en los altares de la mítica casa de su padre (con todo y las travesuras de los espíritus de su familia y los del ámbito cultural y artístico mexicano), así como las recetas idóneas para seducir los paladares de vivos y muertos.

Tamales de nuez y anís, tamales de ejotes y flor de calabaza, tamales de chipilín, pan de muerto, pozolillo verde, nicoatole de almendras, atole de especias, atole de alegría y más delicias son parte de este recetario que fue compilado por Fernández y tres grandes mujeres de la gastronomía como Silvia Kurczyn, Elsa Kahlo y Atenea Magoulas.

La ofrenda de la Casa del Indio Fernández, lugar en el que vivió sus últimos años, es de las más emblemáticas en la Ciudad de México. Toda la casa se llenaba de altares, de actividades y algarabía. Y aunque ya no sigue haciéndose, Adela daba un toque especial pues todo su esmero estaba en esa época del año que era su pasión. Coyoacanenses, capitalinos y viajeros recordarán siempre con cariño esos altares.

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Una catrina istmeña en un balcón

Ayer y hoy del Día de Muertos

Si continuamos haciendo eso que en México nos entraña seguiremos redescubriéndonos y sobre todo, valorando las múltiples representaciones de ser mexicano. No se trata de estar cerrado a la modernidad ni disfrutar lo que nos da: se trata de entender la diversidad.

En mi opinión, la importancia está en repensar el acercamiento a destinos en los cuales se celebre esta fecha. Ayudaría en mucho dejar de ver a los pueblos indígenas desde una mística pasada y comenzar a asumir que su cultura es parte de la realidad compleja y enorme del país.

A nosotros no nos gustaría que llegaran a nuestras casas y entrarán a nuestra vida sin respeto así que antes de acercarnos a cualquier población debemos pedir permiso y sobre todo ser empáticos.

Las celebraciones tradicionales no están peleadas con que queramos disfrazarnos y ver películas de zombis y terror en estas fechas. No somos sacrílegos ni traidores a la patria si queremos hacer una fiesta de disfraces. Un ejemplo son las comparsas oaxaqueñas en las cuales conviven monstruos con catrinas mexicanas (nos guste o no celebrarlas).

Las ofrendas tradicionales pueden convivir con nuestros gustos por los vampiros, las brujas y los hombres lobo pero lo importante es que cada contexto responda a su propia lógica y que se conozcan los orígenes de la festividad. Su importancia en algunos contextos rurales e indígenas así como los significados que cada comunidad le da al Día de Muertos van más allá de lo mercantil o turístico.

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En las comparsas hay catrinas pero también disfraces así

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Periodista de viajes y comida con 10 años de experiencia. Fanática del mezcal, la música y las artesanías. En este blog te cuento algunas de mis travesías y más sobre las cocinas de México y el mundo. A través de historias, fotografías y videos me encantará que conozcas personas y lugares. ¿Qué te gusta comer y hacer?

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