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Enseñar zapoteco en bailes y fiestas: el maestro Filemón Beltrán

¿Te has preguntado cuán difícil es aprender y enseñar zapoteco o alguna otra lengua indígena? Aquí te platico mi experiencia cuando conocí al maestro Filemón Beltrán en la Primera Muestra Lingüística Indígena en la Ciudad de México.

De un lado de la plancha del Zócalo, bajo la sombra de un escenario, los Juchilangos empezaron a tocar. Del otro lado, los que estaban bajo la fresca negrura que daba el asta de la bandera y los que ya no cabían en ella comenzaron a mover la cabeza y los pies al ritmo de la música de esta banda de música popular mexicana. Su cuerpo respondía al sonido de la guitarra, bajo y batería, pero su ceño de vez en cuando se fruncía: las palabras que oían no eran familiares. “¿Qué idioma es ese?”, dijo un joven que sostenía su bicicleta.

Los fuertes rayos del sol de repente dejaron de importar; este chico y otros que estaban en la plancha se fueron acercando a los músicos para saber qué era lo que decían. Ya enfrente se dieron cuenta de que las palabras que retumbaban eran de origen zapoteco, de la región del istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Tras la explicación del vocalista, los curiosos se quedaron a ver la siguiente presentación. No entendían la letra de la canción, pero “sonaba bonito”, según escuché decir a una mujer que estaba detrás de mí.

Mientras los Juchilangos presentaban la versión musicalizada de un poema de Gabriel López Chiñas, autor juchiteco, yo conocí a otro hombre de letras: al maestro Filemón Beltrán Morales.

Enseñar zapoteco: la loable tarea del maestro Filemón Beltrán Morales

En una de las carpas que estaban detrás del escenario pude platicar con Filemón Beltrán Morales. Con la música de fondo, el maestro, quien también es antropólogo y lingüista, estaba con su reconocimiento que le fue dado minutos antes de la presentación de los músicos. Él junto con otros 14 colegas provenientes de los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca fue galardonado por su larga trayectoria en la enseñanza de lenguas indígenas durante la inauguración de la Primera Muestra Lingüística Indígena que se organizó para conmemorar el Día Internacional de la Lengua Materna.

Filemón es un profesor que ha dedicado más de 20 años a dar clases de zapoteco en la ciudad de México. Nació en la Sierra Norte de Oaxaca, dentro de la comunidad zoogochense, pero en 1986, cuando tenía más o menos 40 años, dejó su tierra para viajar al Valle de México –como le gusta referirse a la capital–, donde realizaría uno de sus sueños: estudiar en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

En sus primeros años como estudiante, Filemón conoció la Unión Fraternal Zoogochense, una organización civil fundada en 1951, pensada para los migrantes de dicha comunidad. Cuenta que llegó para dar una plática sobre las lenguas, la cultura zapoteca, las variantes dialectales; sin embargo, vio que esto no era suficiente, pues había más información que quería y necesitaba compartir con sus paisanos. Lo primero que hizo fue enseñarles el idioma a los jóvenes.

“Fue mi inicio como maestro –explica este hombre de pelo blanquizco y tez cobriza–. El querer integrarme fue lo que me llevó a dar clases, y me dio la oportunidad de acercarme más a la comunidad y de conocer a aquellos que querían aprender la lengua”.

La lengua es social

Para Filemón Beltrán la lengua se refleja en la cultura o en la sociedad del hablante. Por ello, dice, cuando se quiere enseñar una lengua -en este caso el zapoteco-, se necesita no solo memorizar palabras, sino vivirlas. El método que usa este profesor es totalmente social, es decir, traslada sus lecciones a las fiestas, reuniones y asambleas, también a los bailes y a presentaciones de músicos zapotecos.

“Yo no soy un maestro que va de vez en cuando, siempre estoy presente en la comunidad como músico –cuenta–. Una forma esencial para aprender y enseñar la lengua es formar parte de la comunidad, no puedes aprender por separado. Nosotros en el pueblo vivimos fiestas, reuniones; trabajamos y así fue como aprendimos y practicamos las palabras, las expresiones”.

Pese a que este es su principal método de enseñanza, el maestro no deja de lado las lecciones más convencionales. “Luego de las fiestas y los bailes, vemos el alfabeto, las expresiones completas; revisamos una narración completa para desmenuzarla y así todos podamos aprender a hablar. También vemos la entonación”, agrega el también poeta, quien comienza a declamar uno de los versos que escribió para mostrarme cómo suena. “El zapoteco es tonal y ahí es donde reside una dificultad: una misma palabra con las mismas letras al cambiarlo de tono cambia de significado”.

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Él es el maestro Filemón Beltrán. Foto: Claudia Aguilar

Retos de la enseñanza de lenguas indígenas

El zapoteco es una de las 68 lenguas que se hablan en el país (recordemos que 64 de ellas se encuentran en alto riesgo de desaparición). De acuerdo con el INALI, existen diversos factores que inciden en la desaparición de las lenguas, como la falta de transmisión generacional, la discriminación y la marginación, así como las políticas de homogeneización lingüística y cultural. Sobre esto, Filemón comenta que a lo largo de su trayectoria como profesor, él ha visto mayormente un sentimiento de desprecio hacia las lenguas indígenas, pues la mayoría quiere aprender idiomas como el inglés o el francés.

Tal situación la atribuye al desconocimiento de las raíces. Por eso, señala: “hay que hablar de la historia, de la importancia de cómo se organizaron nuestros bisabuelos; cómo a partir de la palabra idearon, compusieron, se conocieron, hicieron fiestas y se reunieron”.

Siguiendo con esta idea, el maestro Filemón dice que aunque a veces cueste trabajo por temor a ser discriminado, la lengua debe aprenderse con “sentimiento y el pensamiento de pertenecer a un pueblo milenario”.

Otro reto que el maestro ve en el tema de las lenguas indígenas es la producción de materiales bilingües hechos por los mismos autores. Él cuenta que cuando ha mostrado sus poemas le han puesto como requisito para publicar que, además de su obra en zapoteco, haga la traducción en español.

“Se ha acostumbrado a la sociedad nacional a que un poeta indígena publique de forma bilingüe –comenta–. Es como obligación, pero el impacto en nuestra región no es positivo, porque hasta nuestros paisanos que hablan zapoteco, en lugar de leer la versión que está en lengua materna, leen la que está en español ¿Por qué? Pues porque es la lengua que más está difundida en la tele, en la radio, en los periódicos”.

Ante esto, el maestro Filemón explica que es un derecho universal de todo hablante de una lengua indígena que se escriba, se cante y se componga solo en su lengua. “Si se necesita una traducción, sería conveniente que la hiciera quien esté interesado en conocer lo que se dice en nuestra lengua, que la investigue, que busque a los hablantes para poder hacer una edición o una composición en español. Eso se hace en muchas otras lenguas, entonces creo que las lenguas indígenas deben ser tratadas igual: que pasen por un proceso similar de traducción, de lo contrario estaríamos simulando”.

Y añade que dondequiera que se encuentre él u otro hablante de lengua indígena, la gente está acostumbrada a tener traducción simultánea. “Aplauden cuando nos escuchan hablar, dicen que qué bonito se oye, pero de inmediato quieren que se les dé la traducción en español y el mismo autor lo hace. Lo que nosotros queremos es que sea alguien distinto para que así esa persona que se encargó de la traducción se sume y logre sumar a más a la preservación de la lengua”.

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El maestro zapoteco sosteniendo un par de sus poemas. Foto: Claudia Aguilar

El verbo va primero

Estamos por terminar nuestra conversación. El maestro se ve apasionado mientras habla de la enseñanza de las lenguas, sobre todo, de la suya: el zapoteco. Al fondo sigue la música, también en este idioma. Comienzo a acostumbrarme al sonido de las palabras. La señora que encontré al principio tenía razón: se oye bonito. Pero más allá de sus tonos, el zapoteco refleja la forma en que sus hablantes perciben su entorno. Esta lengua, como otras, comunica lo que se piensa, siente, lo que se trabaja, lo que se crea, lo que se imagina, lo que se disfruta. De ahí su gran valor.

“Nosotros los zapotecos disfrutamos mucho cuando nos reunimos, es como una fiesta: pura broma, risa por todos lados, por eso uno se identifica”, presume Filemón.

Los Juchilangos, al igual que esta charla, están por terminar. El maestro se despide no sin antes dar una lección como a él le gusta, entre el sonido de la guitarra, la batería y la voz de sus paisanos: “en el zapoteco el verbo va primero, porque primero va la acción, porque es el reflejo de lo que nosotros somos”.

Filemón Beltrán, enseñar zapoteco

El maestro mirando al Zócalo de la ciudad de México. Foto: Claudia Aguilar

APRENDER LA LENGUA ZAPOTECA

Si después de escuchar estos poemas en voz del maestro Filemón te interesaste en la lengua e incluso quieres aprenderla, te recomiendo lo contactes por medio de la Unión Fraternal Zoogochense A. C. y preguntes sobre las clases que da. Esta es la red social de la comunidad:

Facebook: Unión Fraternal Zoogochense A.C.

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