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Escribir en lengua originaria, para dibujar otros entornos: Nadia López

Nadia López siempre se hace acompañar de poemas. Cuando estudiaba Pedagogía en la UNAM, su mochila guardaba engargolados de versos indígenas escritos por nuevos autores mexicanos que descubría en internet.  De esas poesías sueltas conoció a Elvis Guerra, poeta zapoteco; a Juventino Gutiérrez, poeta mixe; y a Briceida Cuevas, poeta maya. Hoy sigue con las búsquedas y hallazgos. El día en que nos vimos, Nadia me contó que estaba leyendo El dorso del cangrejo de Natalia Toledo y Dos es mi corazón de Irma Pineda, autoras zapotecas con quienes comprendió que sí era posible venir de dos tradiciones distintas y producir a partir de estas. El trabajo literario de ambas, así como su defensa y promoción de las lenguas originarias, inspiraron a Nadia a escribir y publicar en su segunda lengua: tu’un savi, conocida también como mixteca.

Nadia nació en Santa María Yucuhiti, Oaxaca, en 1992. Su familia, encabezada por su abuela y su madre, aprendió a nombrar el mundo en tu’un savi; ella y sus hermanos, no.

–Mi primera lengua es el español. La lengua mixteca fue una lengua que yo aprendí como a los ocho años —explica—. Que desde bebé no la haya hablado obedece a que mi mamá estaba negada a que nosotros la aprendiéramos; temía que se replicaran ciertas situaciones que ella vivió.

La madre de Nadia, como muchos otros hablantes de lenguas indígenas, vio la exclusión de su idioma materno en la educación de sus hijos como una forma de protegerlos de la discriminación. De acuerdo con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, en el país se hablan 364 variantes lingüísticas, reunidas en 68 agrupaciones y 11 familias. A pesar de la gran diversidad que estos números representan, muchas de las lenguas están en peligro de desaparecer y uno de los motivos es el miedo de los hablantes a la exclusión social.

–Mi mamá dice que cuando yo era bebé ella me hablaba en mixteco. La verdad, no me acuerdo. Siempre que trato ir hacia atrás para saber cuál es mi primer recuerdo en mixteco llego a una noche, creo que fue mi cumpleaños, porque me acuerdo que soplé velas y partimos un pastel. Tenía como cuatro años. Recuerdo que ese día escuché a mi mamá hablar con otras mujeres en mixteco. Mis hermanos y yo guardamos silencio para percibir cada palabra, sin embargo, al sentirse observada, mi mamá comenzó a hablar en español. Más grande le pregunté sobre esa noche, quería saber qué lengua era la que hablaba. Luego de mucho insistirle, me dijo que no estaba hablando bien. Eso se me quedó muy grabado. En el momento no lo entendí, pero ya más grande reflexioné sobre ello; me hizo preguntar: ¿qué es hablar bien?, ¿es hablar en español? Y si hablas en alguna lengua indígena, ¿quiere decir que hablas mal?

Los primeros recuerdos en mixteco de Nadia fueron de una lengua que se le trató de ocultar. No ha sido la única, generaciones actuales desconocen las lenguas maternas de sus familias y han dejado de hablarlas. Esta triste tendencia llevó a Nadia a escribir poemas a los 17 años. Desde entonces no ha parado: para ella, solo publicando, leyendo, compartiendo y hablando las lenguas originarias no las dejamos morir.

–Tuve la necesidad que las mujeres de mi casa cambiaran esa idea que durante mucho tiempo se les repitió: que la lengua que hablaban, fuera de casa no era válida para el mundo, para ir a la escuela, para hacer trámites, para hablar con otra gente; que solo era funcional dentro de casa. Empecé a escribir y a publicar para mostrarles que esa lengua que aprendieron era válida para hablar, para pensar y para escribir.

Los imaginarios posibles de Nadia López

Luego de escribir únicamente para su libreta, revistas y sitios en internet, Nadia López publicó Ñu’u vixo/Tierra mojada, poemario bilingüe que obtuvo el Premio Cenzontle 2017, que convoca la Secretaría de Cultura del Gobierno de CDMX.

–Con este libro me enfrenté a mí misma. A pesar de que llevo 10 años trabajando en lenguas originarias y escribiendo, realmente empecé a publicar hace muy poquito. Tenía mucho temor de sacar un libro porque pensaba que los únicos que lo hacían eran escritores de formación. Yo no había estudiado para eso. Sobre el Premio me enteré en su primera edición, pero no me animé a participar. Mi mamá y más personas me dijeron que mejor durante ese año me preparara para que a la próxima convocatoria sí entrara. Así fue y durante un año trabajé en el libro.

Los 15 poemas que lo conforman crecieron durante mucho tiempo en la cabeza de Nadia: algunos nacieron en español; otros, en mixteco. Tienen que ver con cuestiones de nostalgia, el erotismo de la mujer, desde el conocimiento de su cuerpo, y las migraciones.

–Estos temas son una constante en mi trabajo. Intento hablar de ellos porque creo que la literatura, aparte de demostrar otras visiones del mundo, también nos ayuda a crear otros imaginarios posibles; por ejemplo, a mí me gustaría mucho que llegara el día en el que todas las mujeres de la Mixteca puedan decir lo que quieren, lo que no quieren, sepan de sus derechos sexuales y de sus derechos reproductivos. Ahora esto no sucede. Por eso escribo, para dibujar otros entornos.

Nadia López

El libro de Nadia López. Foto: Pluralia Ediciones

Sin redes no hay continuidad

Tras haber ganado el Premio Cenzontle 2017 y el Premio Nacional de la Juventud 2018 en la categoría de Fortalecimiento a la Cultura Indígena, Nadia se enfocó a crear puentes entre jóvenes poetas en lenguas originarias y lectores. Hizo lo que le hubiera gustado que hicieran con ella: compartir conocimientos. “A veces lo único que un joven quiere es ser leído y recibir un comentario o retroalimentación. Creo que si no se hacen redes quizá no haya continuidad en muchas cosas”, añade al momento de recordar a Frida Romero, poeta zapoteca a la que conoció en uno de los talleres que imparte, quien luego de publicar un poema y recibir críticas por una diéresis errónea y no por el contenido sintió que no debía escribir más.

–Le dije que eso es lo que hacen los lingüistas que saben, pero que ella escribiera, que no dejara de hacerlo porque si paraba alguien más iba a dejar de escribir y después alguien más dejaría de hablar la lengua.

Así, uno de los imaginarios de Nadia se volvió posible: mujeres, jóvenes e indígenas empezaron a escribir. Y no solo eso, también a nombrar aquello que hasta entonces era inconcebible, como los sentimientos.

–Trabajando con chicas de Tlaxiaco, una comunidad de la mixteca alta oaxaqueña, vimos que en nuestra lengua es muy difícil decir sentimientos. Por ejemplo: en español decimos enojo, en cambio, en mixteco cuando lo dices en realidad estás diciendo que te arde el estómago. Hemos encontrado que por mucho tiempo se creyó que solo la gente de razón hablaba español y que solo la gente de razón tenía derecho a expresar sentimientos, a decir qué pensaba. A muchos hablantes de lenguas originarias se les negó poder decir “siento tristeza”, “siento felicidad”. Entonces ellos hablaron más de cosas físicas para aludir a cosas sentimentales. Esto es muy fuerte,  habla de la violencia que se sufrió no solo en la prohibición de hablar las lenguas sino en la prohibición de crear estructuras de pensamiento.

Nadia López trabaja no para ganar premios, sino para preservar la lengua mixteca. Su labor como activista es algo que realmente la mueve. Cree en ello, es por esto que continúa dando talleres a niños y jóvenes de diversas comunidades del país. Los motiva a escribir y a poner en marcha lo que sea que imaginen buscando las formas o, como alguna vez le dijo una de sus maestras, “serpenteando la vida”.

–Debemos aprender a compartir y debemos aprender que venimos de esquemas distintos. A mí algo que me ha dolido un poco es que en los pueblos originarios venimos de un esquema de compartir, de generar comunidad, y a veces eso no pasa. Hay que demostrar que no solo venimos de una lengua que suena diferente, sino que venimos de un sistema de pensamiento distinto. Entre más compartamos y creemos estas redes de generaciones estamos realmente creando plataformas para que nuestras lenguas sigan hablándose por muchísimos años más.

Nadia López

Foto: Claudia Aguilar

Para leer a Nadia López:

Puedes pedir tu poemario Ñu’u vixo/Tierra mojada por medio de las redes sociales de Pluralia Ediciones. O bien, en las oficinas de la Secretaría de Cultura de la CDMX (ahí lo obsequian).

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