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Goliat Orquesta, salsa dura para seguir bailando en CDMX

Llegas a una tocada. Ves a los integrantes de Goliat Orquesta en el escenario. No los miras con mamberas ni vestidos iguales, todos son jóvenes y, sobre todo, buscan que la salsa dura, la salsa brava, se mantenga viva, con originalidad y aires renovados. Los chilangos somos salseros, es innegable: en la calle, en el mercado, en el camión y en las fiestas suena la salsa. Con el bolero, en la tortillería y hasta en los audífonos mientras escribo esta historia suena el tumbao.

Goliat es un personaje bíblico, pero a la vez es el nombre de una rana gigante que habita en Camerún y en Guinea Ecuatorial. Ese soldado y gigante de la ciudad de Gat y ese animal descomunal son quizá una metáfora de lo que esta banda busca: sobresalir de entre los demás. Encontrar espacios fuera de los circuitos comerciales, ser autosostenibles, pedir condiciones laborales justas, seguir creando, así como romper esquemas y clichés de lo que se espera de un salsero son algunos de sus desafíos.

Ponen a bailar a todos cuando tocan, desde el chavo vestido de rapero hasta las parejas que solían ir a esos salones de baile de esta ciudad conocida por su identidad guapachosa. Y es que es difícil no hacerlo: su ritmo es enérgico, y si bien recuerda a esas leyendas que hicieron de este género un enorme lazo entre latinoamericanos, tiene su propia personalidad.

Goliat Orquesta, salsa dura para seguir bailando en CDMX Foto: Jesús Cornejo

Goliat Orquesta, salsa dura para seguir bailando en CDMX Foto: Jesús Cornejo

Goliat Orquesta, salsa chilanga y con identidad propia

Sahe Orozco toca la flauta y hace los coros. Inquieto y originario de la colonia Portales, se confiesa adicto a Fania All-Stars (salsero que se respeta sabe qué es), dice que su papá siempre la escuchó, aunque él comenzó en ella más de manera circunstancial. Junto con Cuauhtémoc Rivera, el conguero de la banda, y otro pianista, iniciaron la orquesta. Poco a poco, se fueron sumando hasta llegar a los doce integrantes. Su primera tocada fue en Casa Galería, al sur de esta capital.

Uzziel Ismael, bromista y bongocero en la orquesta, quien viene de una familia de músicos (su papá tocaba en La Sonora Siguaray), dice que los integrantes de Goliat son egresados de alguna escuela de música. Al charlar con cada uno de ellos comparten que sus intereses musicales y contextos son distintos: algunos se han especializado en música clásica; otros, en ritmos latinoamericanos tradicionales. Sus gustos personales van desde el funk, el jazz, el afrobeat, el reggae, el rock, el son, el pop y muchos más. Ya chole con etiquetar la música de manera cuadrada: esta se nutre de todo lo que pueda, así es la libertad creativa.

“Nosotros hemos tratado de ser sinceros con la identidad que tenemos como músicos mexicanos y jóvenes, por eso, por ejemplo, decidimos no hablar de temas clichés dentro del género. Por ejemplo, para nosotros decir en una canción Oye, mi negra o cosas así, no tiene ningún sentido porque no es nuestra realidad. No hacemos una letra pensando copiar a una orquesta cubana, una puertorriqueña o una neoyorquina, se nos hace falso. Ese es mucho el problema dentro de las bandas de salsa no solo en México, sino en toda Latinoamérica. Bueno, es un problema de la música en general: si tocas hip hop, tienes que hablar de pistolas y drogas; si tocas salsa tienes que hablar de mujeres, sabrosura, gozadera…”, dice con lucidez Cuauhtémoc Rivera, quien además hizo, con un amigo, el logo de Goliat con la premisa “sin maracas, trompetas, palmeras, ron o claves cubanas”.

Esta banda busca resignificar su identidad dentro de la salsa hablando de lo que realmente les interesa. Su discurso, su forma de hacer resistencia es la sinceridad, sentirse cómodos y realizados, tocando su repertorio, tanto el que han compuesto — tienen dos canciones originales en plataformas digitales: Río y Arranca—, como el que han elegido por convicción. “No tenemos tantas letras políticas, no porque no creamos que sea válido, simplemente porque no lo sentimos natural en este momento, quizá luego sí las agreguemos”, enfatiza.

No son la primera orquesta de salsa dura en México, pero consideran que su generación comenzó una nueva oleada de grupos que la interpretan y con la que se identifican.

Goliat Orquesta en Centro Cultural España Foto: Mariana Castillo

Goliat Orquesta en Centro Cultural España Foto: Mariana Castillo

Salsa dura, ¿qué es y por qué Goliat Orquesta decide tocarla?

“En estos tiempos de indiferencia
la corriente te puede llevar
a un lugar donde la conciencia se cauteriza
y no te deja pensar.
Por eso, río, no me lleves entre tus aguas;
mejor me río de mí mismo, estas palabras;
por eso, río, hoy me río a carcajadas:
no existe un río que pueda contra mis alas”.
Fragmento de Río de Goliat Orquesta

Salsa dura, salsa brava o salsa gorda es un estilo que se desarrolló en la década de los setenta en los barrios latinos del Bronx y Harlem, en el que se hace énfasis en los instrumentos más que en las voces principales. En palabras de Sahe y Cuauhtémoc y demás integrantes, es una variante que se ha hecho un poco de lado a partir desde los ochenta por la corriente de la salsa romántica.

Richie Cadena, especialista musical, dijo en una entrevista sobre los orígenes de la salsa para la Revista de la Universidad de México y Radio UNAM, que la raíz de esta música está en los cubanos, puertorriqueños, mexicanos, colombianos y más afincados en suelo norteamericano. Sus influencias son afrocaribeñas, de ritmos como el son montuno, el guaguancó, el chachachá, el jazz, la conga y más, que reforzaron la identidad latina en Estados Unidos.

Los Goliat se sienten afortunados al tocar un género muy consumido en México, particularmente en esta urbe a la que definen como “altamente salsera”. “Lo puedes descubrir en grabaciones de orquestas muy importantes de Puerto Rico, de Colombia o de Nueva York, que en sus estrofas o en un pregón mencionan al barrio de Tacubaya o al de Tepito o a la gente de Santo Domingo. Tocamos un género que, además, es de entretenimiento y muy explotado. Hay barrios que son 100% salseros y hay mucha gente que también de una de esas no lo sabe. Es tan ecléctica esta ciudad que dicen Ah, chingá, ¿a poco también son salseros ahí? A lo que responderíamos Pues es que tú no escuchas salsa, pero pues hay barrios que sí, carnal”, opina este músico con mucho por compartir.

Goliat Orquesta en entrevista Foto: Mariana Castillo

Goliat Orquesta en entrevista Foto: Mariana Castillo

Dignificar el trabajo del salsero

Quizá una de las ideas más extendidas es que en México los espacios están súper cerrados para los músicos, con lo que Juan Carlos Saa, el chileno que toca la trompeta y que parece que sonríe con cada palabra, no está de acuerdo: en su experiencia, México es muy generoso para todas las artes, a diferencia de otros países en el continente americano. Él, quien tuvo formación rockera y como ícono salsero a Rubén Blades, considera que ellos son cada vez más profesionales, ensayo tras ensayo, para así poder cobrar mejor y continuar viviendo de ser músicos.

Cuauhtémoc confiesa que han tenido que pagar para hacer las cosas como quieren porque hay lugares de donde están vetados por pedir pagos justos y un buen trato. Consideran que el gremio de la salsa está muy castigado: muchas bandas que llevan 10 o 20 años de historia trabajan en condiciones lamentables y precarias. Es una cuestión de dignidad, de tener lo básico para una labor que requiere especialización y seriedad.

Uzziel agrega que el movimiento salsero está relegado a cierta gente y a ciertos lugares y eso debe cambiar. Ciertos espacios tienen tarifas precarias y no te pueden dar ni siquiera una botella de agua, narra. “Afortunadamente, con Goliat ya hemos entrado a un movimiento donde ya no le podemos llamar solo salsa, sino buena música y hemos tocado en foros donde normalmente se toca jazz. Nos están invitando a festivales de este género o de música académica. Entonces, afortunadamente, encontramos una gente que consume esta música y le gusta, se vuelve fan”, comparte.

Karal Esquivel, vocalista y maraquera, rompe un estereotipo sobre el papel femenino en la salsa y lo expresó claramente en una entrevista que Canal 22 les realizó en 2017: “a mí no me interesa llegar a un escenario y enseñar piel. Me interesa que conozcan al músico que soy, que conozcan que estoy trabajando por algo que me gusta y que estamos haciendo en conjunto (…) No me interesa en lo absoluto ser una chica como figura, que nada más canta y se mueve”, aclaró.

La salsa es la salsa

Si bien ya te compartiré algo de salsa para dummies, con todo y los instrumentos y el argot que utilizan a la hora de tocar, así como los playlists salseros que nos sugirieron algunos integrantes de Goliat (para que los pongas en tu fiesta y raspes la pista), es importante reconocer el tipo de salsa: el cuerpo lo sabe, claro, y la pide en las bodas y eventos sociales, pero poder diferenciar ritmos no es algo que se haga siempre.

Óscar Pineda, trombonista que a su vez es ese maestro de música que todos quisiéramos tener por su paciencia al explicar, dice que como defeño de Iztapalapa siente que en México tenemos más presente la cumbia que la salsa. “Creo que hay gente que confunde más la salsa con la cumbia y justo cuando me llega a la mente cuando me dicen eso siempre digo que la cumbia es más tierra, más concreta, más con un tempo. Y la salsa es más “flotada”, justo porque, musicalmente, los tiempos fuertes no están en el uno, incluso en el baile. De hecho, cuando bailan salsa en línea es uno, dos, tres… cinco, seis, siete… y hay un tiempo que está flotando, que justo es eso. Es un tiempo fuerte, pero está en el cuatro, no en el uno. Y la cumbia es en el uno. La salsa es así”, enseña. Así como en el son y en el jazz, la improvisación está en su candela.

Aun así, en el mundo se sabe que México también es igual a salsa, no solo a mariachi (¡por fortuna!). Edgar Castañón, el trombonista de la orquesta, quien es de hablar relajado, dice que llegó a este universo cuando se fue a estudiar a Barcelona; allá tuvo la necesidad de tocar y, al ser mexicano, le pidieron salsa, a la que tuvo que entrarle así “sin salivita”, aunque él domina la parte clásica y de jazz de este aliento.

Próximos planes para Goliat Orquesta

Estos músicos vienen con todo: la nueva película costarricense El baile de la gacela, de Iván Porras, se presentó en el Montreal World Film Festival y tres de sus canciones forman parte del soundtrack original. Después quisieran una producción discográfica conceptual, que saliera un disco que la gente pudiera palpar. Sueñan con el vinil, pero necesitan más recursos y son una banda independiente que “no quiere vender su alma al diablo”.

“Una banda es una empresa y entonces tienes que ver cómo hacer que cambie. Entonces, cada vez somos más responsables o intentamos serlo para administrar esto. Sí, los colectivos son muy bonitos en la manera de como se trabaja, pero si no los estructuras bien puede ser que eso traiga problemas. La cuestión ahorita es un reto que tenemos que seguir manejando”, añade Cuauhtémoc.

Sahe finaliza diciendo que lo ideal sería irse de gira, que lograran más alcance. Hace poco en la Feria de San Marcos estuvieron en un escenario principal, lo cual los llena de orgullo. Confían en que puertas y pistas se abrirán. Después de charlar, el Centro Cultural España vibró con sus voces, maderas, metales y percusiones. Una señora con un vestido blanco, de esos de domingo y de unos 50 años, se espantaba el calor con un abanico y gritaba, junto a su hija, al frente como una fanática emocionada. Atrás, varias parejas de jóvenes sudaban a chorros, salseando. “Oye, ¡arranca, Goliat… y nadie y nadie lo puede parar”, coreaban.

Integrantes de Goliat Orquesta:

  • Sahe Orozco Martínez
  • Ignacio Gómez Ceja
  • Edgar André Castañón
  • Edgar Pérez
  • Karal Esquivel
  • Fernando Rodríguez López
  • Uzziel Ismael
  • Óscar Pineda
  • Juan Carlos Saa Buzzetti
  • Obed Calixto
  • Álvaro Vázquez Carrasco
  • Cuauhtémoc Rivera Arroyo.

Facebook: goliatsalsa

Foto principal: Jesús Cornejo

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