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Hay tamales y los tamales son unión

Ya se acerca el Día de la Candelaria y lo mejor es que en México hay tamales y los tamales son unión. Desde que se nixtamalizan los maíces hasta el hecho de cobijar a las masas y los rellenos entre las hojas, el proceso para elaborarlos debe ser un acto de cuidado y cariño.

Hacer tamales necesita más que un par de manos, se requiere de experiencia y un poco de fe. El gusto se compartirá con todos los que reciban esos bocados. El tamal sigue vigente en lo cotidiano, lo festivo y lo ritual, aprovecha el entorno y significa más que algo rico.

Laura Esquivel, escritora del libro Como agua para chocolate, fue la madrina de la primera Feria del Tamal del Museo Nacional de Culturas Populares hace 25 años. Este 2017 regresó a la inauguración de este evento para recordarnos que la emoción es algo que nosotros brindamos al momento de cocinar un platillo.

Corundas de Karinna Alanís en la XXV Feria del Tamal. Foto: Cortesía

Colectividad, la base de la cocina mexicana

En 1991 en esa misma plaza central del museo se realizó un ritual colectivo en el cual los asistentes debían mover la masa para unos peculiares tamales michoacanos que no se cuecen en tamalera sino al fuego directo desde una olla de cobre. El secreto para lograrlos es remover y remover el amasijo sin parar. En esa ocasión debían contar una historia de amor para impregnar esa esencia en la receta.

Este mismo acto se repitió el viernes pasado, con algunas variantes. Ahora los asistentes narraron su historia de amor por México, “ese donde aprendieron a bailar, a reír, a querer, donde se casaron…”, agregó Laura. La receta fue la misma que el experimento pasado: maíz, canela, azúcar y comunión.

Resulta simbólico que en este momento histórico que “nos apachurra el corazón” se realicen encuentros así para reunir y compartir sin que el dinero sea limitante: la entrada a este convite es libre y estos tamales en comunidad fueron gratis (y en la feria los precios son muy accesibles para ir en familia).

Compartiendo el tamal Foto: Mariana Castillo

Hay tamales e historias

La fila comenzó. Las historias fluyeron. Un joven del pueblo de La Candelaria, Coyoacán sugirió expresar algunas “mentadas de madre” al fuego para que el diablo se enoje y se mantenga vivo.

Una estudiosa de las plantas contó que gracias a ellas supo de la riqueza de nuestro terruño, que no tiene que ver con el dinero sino con la gente. Dijo que “México tiene unas alas enormes que van a ser más grandes que un muro”.

Un oriundo de Milpa Alta contó que los tamales y los atoles son sus comidas base en las fiestas patronales porque la milpa es armonía y abundancia. Así siguieron.

Una artista Clown, que divierte a los niños con sus espectáculos, encontró su hogar en nuestro país “de gente dulce y cálida”. Ella quiso “transmitir a estos tamales las ganas de reírse para que cuando los coman les de mucha risa”.

Varios tlaxcaltecas hablaron de su comida y la importancia de la misma en su región: “cuando haces mole prieto tampoco te puedes enojar”, expresó uno de ellos. Hijos de campesinos nayaritas e hidalguenses también narraron su relación intrínseca con el trabajo de la tierra y nuestro policultivo.

Beatriz Ramírez Woolrich y Laura Esquivel con una de las personas que compartieron su historia de amor a México Foto: Cortesía Museo Nacional de Culturas Populares

Unión ante los momentos difíciles

“Cuando hay crisis tremendas vienen esos momentos de cambio, donde uno tiene que tomar decisiones sobre qué hacer y cómo nos vamos a mover. Que lo de hoy nos sirva para recordar quienes somos. Es muy importante lo que el maíz representa, es memoria viva”, expresó la autora. Ella añadió que hemos pasado por estas y muchas otras, hemos salido y seguiremos saliendo adelante.

“Estamos en este día juntos y dispuestos a hacer el ejercicio por los que no están aquí y están fuera del país, por los que viven un momento de temor e incertidumbre. Queremos recordar que cocinar colectivamente siempre será un acto de comunión profundamente espiritual, no solo social”, dijo la creadora de Tita, ese personaje que podía llorar a mares cortando cebolla, y no precisamente a causa de este alimento esencial en nuestra cocina.

A los tamales se les cantó la Canción mixteca de José López Alavez y Cielito lindo de Quirino Mendoza y Cortés, se siguió revolviendo la masa entre palabras y diferentes personas. Ojalá esa noche pueda ser una analogía de lo que todo un país necesita para ser más fuerte y unido y seguir floreciendo como lo ha hecho.

Inauguración XXV Feria del Tamal. Foto: Cortesía

¿Por qué hablar de tamales?

“El alma de México es el tamal”, dijo el investigador Marco Buenrostro, quien también asistió a esta inauguración. “Este alimento no es de solo un grupo de individuos, muestra a los que hacen milpa”, declaró.

En este blog, los tamales han sido importantes desde su creación. Por esta razón dedicamos espacio desde hace años. No solo hemos hablado de los que se venden en locales y restaurantes sino de los populares y los rituales porque en la diversidad está nuestra virtud.

Conoce más sobre tamales en este blog y desde el hashtag #HayTamales. Y si vives en la Ciudad de México te sugerimos visitar esta XXV Feria del Tamal en el Museo Nacional de Culturas Populares, que termina el 2 de febrero. Su tema central es la milpa, con motivo de la exposición La milpa. Espacio y tiempo sagrado.

Aprovecha la Feria del Tamal

Te sugiero buscar en ese encuentro a Gerardo Murillo y su mamá quienes traen delicias de Tabasco como la manea y los tamales de pejelagarto; a Edith Monter de Tlaxcala, con sus tamales largos con mole y los de ayocote con pipián; y a Karina Alanís de Michoacán, con sus corundas y jahuacatas. Todos ellos tienen tamales hechos con mucho cuidado y con los que realmente conocerás a esos estados y sus sabores.

Al iniciar con la frase de “Sólo las ollas saben los hervores de su caldo” de Como agua para chocolate hacemos referencia a que los mexicanos conocemos eso que nos da identidad. Ese “caldo” es nuestra cultura, que mezcla diversos conocimientos y saberes a través del tiempo.

No olvidemos eso que es importante y nos ayuda a distinguirnos de los demás, pero sobre todo nos hace estar orgullosos de lo que somos. Que el tamal sea una pieza de cambio y resistencia, un bocado para estar reunidos en las calles y las mesas.

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¿Qué historias nos puedes compartir para este especial de “Hay tamales”? Nos encantará leerlas 🙂

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