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Instrumentos del son jarocho: estos músicos te cuentan más de ellos

¿Conoces el requinto, la jarana, el cajón o la quijada? Al indagar en el tema de los instrumentos del son jarocho con algunos músicos, entendí que si bien algunos son elegidos por la afinidad personal que se tiene con cierto tipo de sonidos, otros te eligen, como si fuera parte del destino, del aprendizaje.

Más que un género, el son es música que hace cultura: es importante para la más pequeña ranchería y hasta para grandes ciudades. Quererlo encasillar en un solo origen sería ocioso: su esencia es la diversidad cultural, sus raíces son indígenas, españolas, cubanas y africanas.

Esta manifestación artística une canto, baile, entorno y es originaria de la región del Sotavento. Geográficamente, al son se le ubica en la costa del Golfo de México, en Veracruz, con influencia hasta Tabasco y Oaxaca, así como en las tierras altas, en lugares como Córdoba y Xalapa.

Hay sones para todo momento: están los de boda, los de funeral y hasta los que se usan para enamorar. Por ejemplo, El gallo es un son de madrugada y el El siquisirí abre los fandangos.

Cada instrumento cambia el resultado musical: algunos deciden usar arpa o jarana de arco, otros marimbol y algunos solo jaranas y leona. También están las composiciones modernas, que incluyen hasta guitarra eléctrica y batería, entre otros.

Instrumentos del son jarocho: no siempre bien vistos

Antes de empezar a contarte sobre algunos de los instrumentos del son jarocho es interesante saber que, durante la Colonia, la música jarocha tradicional, esa que se interpretaba por el pueblo en los fandangos, fue perseguida y hasta prohibida, pues a la Corona Española le parecía indigna y profana, explica el etnomusicólogo Andrés Barahona en su artículo “El son jarocho: un tesoro que debemos conservar”. La versada que hasta la fecha testimonia la profunda tradición oral que nos caracteriza.

“Con la llegada a Nueva España de las primeras vihuelas y laúdes españoles se empezó la fabricación de jaranas, requintos, arpas y vihuelas mexicanas, distinguiéndose estas últimas en los jolgorios populares. En un principio, su aprobación por parte de la hegemonía oficial y la Iglesia fue nula, pero, probablemente, a finales del siglo XVIII (Tourent, 1993) recibieron el beneplácito como instrumentos para oficiar. Aunque además del uso eclesiástico, también continuó su uso mundano. Según algunos testimonios, la jarana constituyó la excepción, debido a que era considerada, todavía en aquella época, instrumento diabólico en contraposición con el violín, apreciado como instrumento bendito al formar una cruz con el arco al momento de ejecutarse”, apunta el investigador y músico Borislav Ivanov Gotchev en El son jarocho y la fiesta del fandango, una expresión de la cultura popular en el sur veracruzano. La inclusión del son jarocho en la música “culta”.

Ramón Gutiérrez, músico, versador, laudero y fundador del grupo Son de Madera, de Xalapa, Veracruz, explica en una entrevista que realizó la poeta Guadalupe Galván en la revista Music Life, que el músico jarocho es sui generis: baila, canta, toca, escribe y hace instrumentos; a diferencia de otros, que no lo hacen. “Incluso en el son jarocho no hay una cosa estética específica. Hay gente que grita como en el ranchero o el cante flamenco. Lo que importa es la garra”, expresó este hombre de palabra y conocimiento.

Instrumentos del son jarocho: algunas memorias y detalles

Más que hablar de técnica para el son jarocho, los músicos de los grupos Cucalambé Son Jarocho y Caña dulce y Caña Brava comparten a continuación más sobre su relación con los instrumentos que ponen a bailar al público, que logran conectar con ese instinto profundo de mover el cuerpo, cantar y compartir inmersos en la música.

Por lo general, los soneros tocan más de un instrumento, cantan y zapatean, pero, en este caso, hablaron de ese que es su preferido, que se vuelve una extensión de sí mismos a la hora de subirse al escenario o de tocar en un fandango durante alguna fiesta tradicional.

Cajón

Juan Pablo Sosa (Cucalambé Son Jarocho) toca esta percusión y zapatea. Habla con una sonrisa en la palabra, con porte espigado que delata su oficio: bailador de son jarocho. Aprendió a tocar la jarana desde niño, igual que casi todos sus compañeros. “Esa es una actividad muy común en Tlacotalpan, pero ya son muy pocos los que se quedan arraigados con la cultura”, opina.

Decidió tocar este instrumento porque el cajón acompaña el baile: de ahí su necesidad de hacer música con él. “Al momento de elegirlo quería que se acoplara, introduje el cajón flamenco”, agrega. Palmas y dedos ayudan a hacerlo vibrar. El cajón tiene origen peruano y se utiliza para otros ritmos como flamenco, jazz y música afrocaribeña.

Cajón: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Cajón: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Quijada

Violeta Romero (Caña Dulce y Caña Brava) es la mujer que tiene nombre de flor y es tan hermosa como una, pues sonríe brillante y tiene la mirada profunda. Cuando zapatea, el mundo entero se detiene para admirarla. Nació en la Ciudad de México y se fue al sur de Veracruz para aprender más de lo que imaginaba. Ella toca ese instrumento de percusión, que es paisaje, conocido también como charrasca, carretilla o charaina, y que se usa en algunos lugares de Latinoamérica. Literal, es una quijada de caballo, burro o toro, y se raspa.

“No tengo mucho tocándola, pero me identifico con ella, quizá porque zapateo y la percusión está muy presente. Entonces, cuando la agarro, siento como si fuera alocando los pies. También toco la jarana. Me identifico mucho con la primera, pues quizás es muy brillante, como que ataca, y eso siento que me gusta mucho”, dice Violeta.

Quijada: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Quijada: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Harpa

Adriana Cao Romero (Caña Dulce y Caña Brava), originaria del Puerto de Veracruz, empezó en el son hace 50 años cuando casi no había mujeres cantando. Hoy en día, su grupo es punta de lanza: une géneros y talento, propone nuevas letras y estructuras musicales. Ha disfrutado más de su música entrañable desde la voz. Aprendió con maestros legendarios como Pánfilo Valerio, Nicolás Sosa, el Negro Ojeda y Andrés Alfonso. Toca el harpa, con la que tiene una relación duradera y sólida.

“Lo elegí yo porque me gustó mucho, pero quien la puso en mis manos fue mi padre. La compró para que la tuviéramos en casa, para que la viéramos y la disfrutáramos. Ninguna sabía tocarla y yo empecé. A mí me maravilla su sonido, me gusta mucho. Es un instrumento mágico, tiene un encantamiento para mí. No lo he podido dejar. Una vez mi suegra me dijo cuando estaba embarazada: “Vas a cambiar la carreola por el harpa”. Le dije: “Yo no voy a cambiar por el harpa, voy a dejarla un rato para crecer a mis hijos, pero no voy a cambiar”. Y, efectivamente, no la cambié”, narra.

Harpa: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Harpa: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Leona

Anna Arisméndez (Caña Dulce y Caña Brava), la tejana alta que hace son y es de hablar firme y seguro, dice que este instrumento la escogió, aunque tuvo que aferrarse a él. Lleva nombre de felino y también se conoce como guitarra grande, murmurona o vozarrona. El artefacto tiene la función de un bajo y su forma es similar a la del requinto. Viajar con ella, aguantar las cuerdas gruesas y practicar durante horas es una labor que no cualquiera logra.

“Yo aprendí durante horas y horas en el fandango. A zapatear. La elegí porque la madera tiene alma: era un árbol completo, un tronco. Fue difícil de tocar al principio, pero sí me dio chance. Cuando la toco, me siento bien con ella; cuando lo hago con otros instrumentos grandes, no es lo mismo. Uno crea un enlace con su instrumento, con la madera”, comparte.

Leona: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Leona: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Jaranas

Raquel Palacios Vega (Caña Dulce y Caña Brava) es miembro de una estirpe sonera destacada, de una familia llena de músicos de un lugar rodeado por estos sonidos inspirados en la vida cotidiana y su sentir. De Boca de San Miguel, Veracruz, nació su raíz y su canto certero y poderoso, pero también el placer que le da tocar la jarana. La jarana más común es la tercera, pero hay primera y segunda, que varían en tamaño y en el resultado de su interpretación.

“Mi papá tocaba la jarana tercera y entonces era el instrumento que yo tenía a la mano. La agarré y era una muy grande. Él, como buen labrador del campo, tiene sus manos anchas y tiene una jarana tercera y era enorme. Entonces, empecé con esa. Lo agradezco porque era una muy fuerte. Empecé con los primeros acordes y me sentía muy a gusto con lo que iba acompañando, con mi voz y mi jarana. Me siento cómoda y no pesa. Me gusta el sonido que da. Toco tanto la segunda como la tercera”, expresa.

Jaranas: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Jaranas: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Marímbula

Javier Sánchez (Cucalambé Son Jarocho) toca la marímbula, también conocida como marimbol, marimba o marímbola, que se usa en la música cubana, puertorriqueña, venezolana, colombiana, jamaiquina y más. También es de raíces tlacotalpeñas y aprendió de chavito a zapatear, a tocar el pandero y la jarana. Lleva unos nueve años haciendo sonar este armatoste que le provocó curiosidad y, aunque no vive de la música, pues es comunicólogo, ama continuar de la mano con los demás integrantes del grupo, quienes son su familia elegida.

“Por diversas circunstancias, el grupo fue necesitando de una parte de sonidos graves, tanto por mis gustos musicales como porque siento que el bajo es un ritmo fundamental en toda la música. Entonces, por pura suerte, conocí gente que hacía instrumentos y pedí uno. Se me facilitó la ejecución y poco a poco empecé a expresar lo que a mí me gusta. Es divertido eso, que escoges el instrumento, pero también él te escoge a ti.

Marímbula: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Marímbula: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Requinto 

Armando Aguirre (Cucalambé Son Jarocho), de Tlacotalpan, cuenta que siempre ha estado relacionado dentro del mundo de la música y desde su infancia tuvo la inquietud de desarrollar el canto, así como tocar todo tipo de instrumentos. Como sus compas, comenzó con el pandero y luego con la jarana, hasta que llegó al requinto, casi idéntico a la jarana, pero con la función de llevar la melodía (manteniendo el ritmo de forma constante, a fin de darle contrapunto al canto). Tuvo maestros como Evaristo Silva y Cirilo Promotor.

“Por necesidades del grupo me hicieron la recomendación. En ese entonces, yo era el que ya llevaba más tiempo en los talleres y demás. Al principio fue muy complicado porque mi maestro Cirilo enseña a su modo y había que entender lo que él hacía. Fui agarrándole el modo y, al final, descifré cómo era y cómo se tenía que hacer. Le veía las manos, pero acá en el punteo era una cuestión diferente. Al paso de los años, de juntarnos y demás, he venido a desarrollar un poco más el instrumento y yo creo que venimos a hacer cosas diferentes”, dice este hombre vivaracho y bromista.

Requinto: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Requinto: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Laudería, pandero y más

Con Paco Sandria (Cucalambé Son Jarocho) hay que platicar varias horas off the record y no solo en entrevistas pactadas para descubrir todo lo que tiene por compartir. Este músico alegre y fiestero comenzó hace 15 años a tocar la jarana y el pandero; este, instrumento tradicional de Tlacotalpan. “Empecé a tocarlo desde niño, como la mayoría de todos, en las fiestas decembrinas cuando hacen los cantos de La Rama y esas cosas que se acostumbran a tocar con pandero”, narra.

En la foto que ilustra esta nota se ve su jarana, pero hay que decir que él también es laudero, esa labor artesanal vital para la música. “Creo que siempre es importante la relación del músico con el laudero y, sobre todo, con su instrumento, porque debido a las modificaciones, a la relación que hay del músico con el instrumento, es como vamos aprendiendo y como se han modificado los instrumentos realmente”, añade.

Para él, el son jarocho es algo todavía muy tradicional, pero que, a la vez, se está desarrollando. “Es un descubrimiento todo el tiempo. Se hacen modificaciones, se trata de estandarizar y luego hay algo que romper con todo otra vez. Así se va todo el tiempo, modificando. Nosotros quisiéramos que los instrumentos que utilizamos nunca caigan en desuso, sino, al contrario, que vivan y se transformen”, asegura.

Panderos: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

Panderos: instrumentos del son jarocho Foto: Mariana Castillo

De voces, coplas, cantos y versadas

Las formas de versos más habituales en el son jarocho son la cuarteta, la sexteta, la décima, las quintas y la guacamaya. Como te conté en la nota sobre Arcadio Hidalgo, este género entrelaza la atmósfera y la realidad:

Arcadio Hidalgo, memoria y legado del músico y poeta veracruzano

Si bien hay bases líricas, se improvisa y se usa lo que se aprecia en el momento: las personas reunidas mientras se dejan traspasar por sus sonidos; el clima y esos halos de inspiración poética que llegan a quienes son maestros del lenguaje, y hasta a quienes no.

Finalmente, cito de nuevo al maestro Ramón Gutiérrez, quien, durante su presentación reciente en Jazzatlán Capital, dijo que hay que dignificar a este género que no es solo folclor, también es lucha y rebeldía que no pasarán de moda, porque pertenece al pueblo.

¡Arriba el son jarocho!

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