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La comida de tu infancia: un cuestionario tragón

Haz memoria y recuerda la comida de tu infancia. ¿Hay algún sabor que te haga sentir bien o viceversa? ¿Algo que hacías y ya no? Para mí, era una travesura echarle papitas al sándwich escolar. El ritual se repetía cada recreo, hasta que el estómago aguantara (o mi mamá lo descubriera).

Eran actividades placenteras congelar el Boing de triangulito y abrirlo por la esquina (si era de guayaba, mejor); echarle Miguelito de polvo y líquido a los Cazares (que era gastritis segura); y añorar esos raspados de colores radioactivos (los labios y la lengua pintados te delataban si querías negarlo). Devorar un mango y embarrarse la cara, las manos y la ropa, también.

Esas y más anécdotas son una máquina del tiempo que quizá a varios les serán familiares. Generaciones más, generaciones menos: ser niño te remonta a eso que comías, te gustara o no. Así como hemos explorado la neurogastronomía y la comida y el amor, le hice este cuestionario tragón a varias personas que están relacionados con los medios y la comunicación para este Día del Niño que se acerca. No hay una sola comida para niños sino muchos contextos.

La comida de tu infancia: un cuestionario tragón

La comida de tu infancia: ¿qué memorias tienes relacionadas con la comida?

La comida de tu infancia: algunas memorias

Carlos Bautista (@alguiennomas), Julio Martínez Ríos (@MartinezRios), Adriana Vizcaino (@curiogastro), Laurette Flores, Raquel del Castillo (@Raquel_Pastel), Adriana Silvestre (@eidriana), Jacqueline Benítez (@jmariabenitez), María José Morr (@Majomorr), Hilel Bistre (@bistrebistro), Margot Castañeda (@marchcastañeda), Fernanda Rivadeneyra (@FernandaVRN), Charito Miganjos (@charmijangos) y Omar Alonso (@oaxacking) son los tragones que compartieron con nosotros sus recuerdos.

1. ¿Qué te gustaba comer de niño?

Julio: Milanesas, crema de frijol y agua de limón. Pollo en tomillo. Mi mamá hacía pancita y suadero en ocasiones especiales.

Hilel: Creo que soy raro, pero una sopa agria estilo árabe que hace mi mamá y las milanesas de ternera.

Raquel: Me gustaba el queso derretido, ver cómo se fundía en el sartén o en el micro era muy divertido. Me gustaban los hotcakes que me hacía mi papá los fines de semana, la sopa de conchitas de pasta y el spaguetti que preparaba mi abuela en salsa de jitomate con muuuuucho queso. Era muy esperado en sus cenas de los sábados. Los helados con fruta y los chocolates.

María José: Me encantaban las arepas con mantequilla, queso y aguacate. Para el colegio, por lo general, llevas arepas con queso y mantequilla. Mi mamá me hacía jugo natural de naranja.

Carlos: Recuerdo que me gustaba desayunar y cenar con mi papá: huevos rancheros con mucha salsa picante, quesadillas de harina con jamón y salsa Tabasco, hot dogs con mucha mostaza y malteadas de chocolate.

Adriana Silvestre: Arroz rojo a la mexicana. Mi mamá lo hacía con chile cuaresmeño que cortaba un poco para que se desjugara, así que siempre picaba un poco. También hacía arroz blanco acompañado de rebanadas de plátano macho fritas, a las que les untábamos crema.

Laurette: Mi mamá es gringa así que de sus platillos me encantaba el mac & cheese y el grilled cheese sandwich.

Adriana Vizcaíno. Me encantaban los chocorroles, el pay de piña de cierta marca muy conocida y los frijoles refritos de mi abuelita.

Jaqueline: Pollo frito, arroz y habichuelas o sándwich cubano (soy de Puerto Rico).

Margot: Era muy especial para comer cuando era niña. Mis hermanos me cantaban la canción de Cri-Cri que habla de una niña que no se quiere tomar su leche porque está muy caliente, y luego muy fría. Qué pena, pero era una remilgosa.

Fernanda: De niña era muy melindrosa para comer porque no me daba hambre, no entendía como los demás disfrutaban la comida. Lo poco que se me antojaba eran crepas con mantequilla y azúcar, o con mantequilla y mermelada, y algunas sopas. Y ya cediendo a la insistencia, huevo “en pedacitos” (revuelto) con cátsup.

Charito: el coctel de frutas del Día del Niño en la primaria me encantaba.

Omar: Enfrijoladas con mucho queso.

La comida de tu infancia: un cuestionario tragón

La comida de tu infancia: jugar con los sabores

2. ¿Sigue gustándote esa comida de tu infancia?

J: Muchísimo.

H: Sigo siendo fan de los dos platillos, en especial la sopa.

R: Mucho, me gustaría que mi abuela aún viviera para que me diera sopa de pasta, desde entonces ya no la como con el mismo gusto.

M: Sigo comiendo arepas pero sin mantequilla y de vez en cuando. Me cuido la alimentación bastante. Ahora mis desayunos son con avena orgánica cruda y yogurt. Muchas verduras y proteína.

C: Claro, de sobra sabes que soy un tragón consumado.

AS: Sí, el arroz en todas sus presentaciones.

L: No, ya no me gusta el mac & cheese (solo el de The Capital Grill) y el grilled cheese sandwich lleva queso amarillo tipo americano que ya no me gusta ni ver.

AV: No, ya no me gusta la comida chatarra. Extraño los frijoles que hacía mi abuelita. Y ahora me descubro comiendo cosas que odiaba de pequeña como el brócoli, las espinacas o la coliflor,  por ejemplo.

JB: Sí y no lo como porque no encuentro los elementos para hacerlo como en mi país.

MC: Todo, menos lo del jitomate frío a mordidas. Hace años que no me como una ensalada de frutas con Danonino, pero si lo hago supongo que sí me va a gustar. Ya me gusta el huevo de gallina, pero el de codorniz me sigue gustando más, aunque no sé si con queso Cotija.  El pan de la abuela no se ha horneado en casa desde que murió. Sigo odiando el bisquet y ya no puedo beber leche de rancho. Pero sigo comiendo chongos zamoranos con jocoque “a escondidas”, cuando hay en casa de mamá.

FR: Claro, me encantan las crepas, también disfruto mucho las sopas, creo que son parte fundamental de la comida.

CH: Sí y mucho. Siempre me lo recuerda.

O: Sigue siendo mi comida favorita.

La comida de tu infancia: un cuestionario tragón

La comida de tu infancia: ¿probaste los malvaviscos con chocolate?

3. ¿Qué llevabas de lunch a la escuela? ¿Te gustaba o eras de los que robaba el sándwich a tus amiguitos?

J: Sándwich diario. Jamón, queso, no le ponían jitomate para que no se humedeciera. Nos daban poco dinero para comprar en la cooperativa escolar. No era un hábito, no se veía como algo necesario. Nunca robé la torta ajena, pero sí participé en intercambios. Eso me hizo entender que había formas distintas de interpretar la misma idea. Ningún sándwich sabía igual. Cada uno era emblema de su propia casa, de su propia cultura.

H: Casi siempre era sándwich de jamón,  queso, mayonesa, mostaza, jitomate y aguacate. Te doy los ingredientes porque  muchos de mis compañeros comían más simples. Aparte dejé de llevar lunch como a mis 10 años.

R: Llevaba jícamas, pepino, zanahoria con chilito y limón, sándwiches y agua de limón o jamaica (que si no me la tomaba se asoleaba y sabía horrible, es un aroma que aún si lo traigo a la memoria me choca). Me gustaba mi lunch, más cuando traía un pequeño postre.

M: No solía robarle la lonchera a nadie.

C: Me ponían, por lo regular, el clásico sándwich de jamón que, o terminabas cambiando por otra cosa o de plano ni te lo comías y aparecía mohoso dos días después en la mochila. Lo más cotizado (en mi generación) eran las marinas de mole o las rebanadas de pastel.

AS: Siempre llevaba un sándwich con mayonesa, mostaza, jamón y queso panela. Yo hubiera preferido una torta de guisado, como de albóndigas con arroz o de huevo con salchicha, pero nunca me robé una, ¡ja!

L: Mi mamá siempre me ponía peanut butter and jelly sándwich. Llegó un punto en el que estaba muy harta de eso y sí le robaba a mis amiguitos.

AV: No recuerdo llevar lunch. Compraba unas papas y refresco con el dinero que me daban mis papás. Y no, nunca me robé el sándwich de mis amigas.

JAQ: Galletas y sándwich. Compraba en la cafetería.

MC: Me encantaban mis lonches. Mamá era muy creativa, siempre me mandaba mini sandwichitos o mini sincronizadas con figuras y diferentes ingredientes. Y siempre dos Yakult. Vero, mi mejor amiga, siempre se comía uno de mis sandwichitos, por eso mi mamá me ponía de más, yo dejaba uno escondido en mi mochila y luego me lo comía cuando Vero no me veía. A veces había esquites, sopita, hamburguesitas, lassis (aunque no sabía que se llamaban así). Siempre fruta y casi siempre una bolsita con semillas de girasol con chile. UUUUUFFFFF.

FR: Llevaba sándwiches de mantequilla y mermelada, y también los típicos de jamón y queso.

CH: Siempre llevaba una torta.

O: Tortas de jamón con aguacate y mayonesa, o de huevo con zanahorias.

La comida de tu infancia: un cuestionario tragón

La comida de tu infancia: ¿compartías tu torta?

4. ¿Tus papás te daban de comer de todo o comías antojos a escondidas?

J: De todo. Una de sus ideas más bonitas es que una persona educada era la que probaba todos los sabores. Eso me hizo ser un niño gordito en sexto de primaria. El metabolismo adolescente me rescató.

H: Mis papas siempre me dieron de comer, lo que recuerdo y que me dicen, es que siempre probé todo lo que me ofrecieron.

R: Me daban de comer de todo, mi papá era muy feliz conmigo cuando pedía caracoles en el Casino Español. Nunca nos limitaron en casa por galletas o dulces.

M: Comía en el colegio chucherías (chocolates o galletas) hasta que dejaron de darme dinero para que no me alimentará mal, y funcionó.

C: En mi casa se comía de todo y tragábamos chatarras todo el tiempo: no me prohibieron nada. Con el tiempo me dejaron de gustar las cosas dulces y los refrescos.

AS: Mis papás intentaban que comiera de todo aunque no siempre lo lograban. Y mi fascinación eran los dulces porque mi bisabuela tenía una tienda y nos dejaba probar.

L: Me dejaban comer de todo pero las papitas me hacían un daño terrible por lo que hasta la fecha cada vez que como eso mi mamá sentencia “te vas a enfermar” y se cumple. Si mi mamá no me ve, no me enfermo. También me tenía que esconder de mis hermanos porque los dos son súper tragones. Si descuidaba mis dulces o cualquier cosa comestible, volaban.

AV: Sí nos dejaban comer de todo, pero nos restringían los dulces. Los cuales compraba a escondidas, generalmente cuando visitaba a mi abuelita.

JAQ: Antojos siempre.

MC: Me consideraba EXPERTA en comer a escondidas. Mi mamá me dejaba comer de todo, pero me limitaba muchas cosas, sobretodo las porciones. Era muy antojadiza. Mi mamá tenía que guardar el pan y las galletas en el estante más alto, por supuesto tenía mi cajón lleno de golosinas y me las chiquiteaba. Mi abuela era igual de golosa que yo, así que luego ella me cubría cuando llegaba a casa con churros, donas, helados o cosas que compraba en la calle (casi siempre dulces). Las comíamos entre las dos.

FR: En mi familia siempre ha habido de todo, desde lo más tradicional hasta lo más exótico, pero aunque las opciones eran muy amplias, mi falta de hambre no ayudaba a comer de todo. Respecto a los antojos, mi tía Esperanza, hermana de mi abuelo, me daba gansitos a escondidas.

CH: Siempre me daban de todo de comer.

O: Mis papas nos dejaban comer de todo, menos iguana ni huevos de tortuga que siempre había en mi refri porque mi abuela enviaba del pueblo.

La comida de tu infancia: un cuestionario tragón

La comida de tu infancia: ¿sigues comiendo eso que te gustaba de niño?

5. Si fueras un dulce de la infancia, ¿cuál serías?

J: Había un chocolate que, al menos como lo recuerdo, se llamaba Deviller o De Viller. Era una tableta con distintas figuras geométricas, cada una rellena de un sabor. En el reverso del empaque venían las instrucciones: el cuadrado era pistache, el rombo fresa y así. A mi hermano y a mí se nos hacía la cosa más interesante del mundo.

H: Podrían ser dos, siempre me garantizaban una sonrisa. El Duvalín de fresa con vainilla y los muéganos de cine que sí me tocaron. Eran tan duros y al mismo tiempo dulces, se me hacían divertidos y entretenidos.

R: Un suave y rosado algodón de azúcar.

M: Y de dulces de la infancia en Venezuela había un bocadillo de plátano azucarado (vendría siendo una especie de ate de guayaba pero más seco).

C: El TinLarín que, por desgracia, ya no existe.

AS: Yo creo que sería el Pulparindo o una paleta de elote cubierta con chile, eran mis favoritos. También podría ser un tapón (malvavisco cubierto con chocolate).

L: El Miguelito: dulce, picante y muy ácido.

AV:  Había unas paletas que tenían el exterior de caramelo transparente, y en el interior eran como de granulitos de colores que se deshacían en la boca. No eran comerciales.

JAQ: Snickers.

MC: Definitivamente sería un “pellizco” de tamarindo con azúcar (así se llaman, al menos en Morelia).

FR: Paleloca, definitivamente. Me encantaban por versátiles, porque tenías dos paletas en una. Y a lo mejor, Milky way.

CH: Sugus, salvavidas rojo o chicle Motita.

O: Seria mazapán.

La comida de tu infancia: compartir sigue siendo lo esencial

La comida de tu infancia: compartir sigue siendo lo esencial

La comida de tu infancia: ¿verdad o mentira?

Carlos en el cuestionario que le envié agregó:

Haré lo posible por responder, pero advierto que no estoy del todo seguro sí recuerdo bien mi infancia o lo que recuerdo es la idea de infancia que uno se va construyendo a partir de varios desolvidos y reinvenciones de la memoria.

Estoy de acuerdo: lo que somos también se conforma por lo que los demás nos cuentan de nosotros y lo que nos inventamos después. Somos una narración hecha con retazos de muchas telas. Lo que sí es un hecho es que esas experiencias iniciales con la alimentación son interesantes y no está de más hacer un viaje a esas épocas, a ese memory lane que nos hace ser lo que somos en la actualidad.

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Cuéntanos cuál era la comida de tu infancia, nos gustará conocerla.

Comments

  1. andress pinda

    me parece excelente su pagina, es una delicia los elementos que manejan saludos

  2. Mariana Castillo

    Gracias por tu comentario, Andrés. Cuéntanos, ¿qué otros temas te gustaría encontrar por acá? Saludos. 🙂

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