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Los síntomas de la lepra tardan hasta más de 20 años en aparecer

Si me toca, me contagia; si me saluda, me contagia; si me da la mano, me contagia. Si me contagia, me muero; si me contagia, no puedo trabajar; si me contagia, nadie se me puede acercar; si me contagia, nadie puede tocarme… Todo esto forma parte de todas las ideas que se pueden cruzar por tu mente al conocer a una persona que tiene lepra.

Los mitos que se han originado con el tiempo y pese a que los años pasan, aún es difícil quitarlos; la poca difusión sobre la lepra ha creado que la idea de “¿Por qué no te me quieres acercar, tocar? ¡Ni que fuera leproso!” sea más que un estigma. Pero la lepra es la única enfermedad que tras representar una pandemia fue descalificada como un problema de salud pública por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1991.

Hace muchos siglos fue considerada como una pandemia. Se escuchó de la lepra por primera vez en las primeras civilizaciones de China y Egipto cuando los llamados leprosos estaban destinados a la muerte. No fue hasta la década de 1940  cuando la ciencia encontró que la dapsona disminuía la rapidez con la que la enfermedad avanzaba y destruía o modificaba el cuerpo de los pacientes.

Algunos de los enfermos de lepra comenzaron a manifestar resistencia a la dapsona lo que llevó a un nuevo descubrimiento en la década de los 70 cuando se supo que la rifampicina y la clofazimina también combatían a la enfermedad. En conjunto, los tres compuestos se agruparon en un  tratamiento denominado multimedicamentoso que es el que se receta hoy en día.

El tratamiento medicamentoso se proporciona de manera gratuita en el mundo por un acuerdo con el laboratorio Novartis tras uno con la OMS en 1995.

La lepra tiene cura de acuerdo con la OMS, aunque no tiene cómo prevenirse, indica la doctora Ana Lilia Ruelas, miembro de la Fundación Mexicana para la Dermatología (FMD), en entrevista con Sección Amarilla. Depende del tipo de lepra  que se padezca es el tipo de tratamiento que debe recibirse por eso es muy importante que tan pronto se note la sintomatología se acuda con un buen dermatólogo.

La lepra puede ser nombrada también como la enfermedad de Hansen y eso es gracias al científico que la descubrió Gerhard Armauer Hansen. Tiene principalmente dos tipos de manifestación: la lepra tuberculoide (modalidad en la que aparecen manchas rojas o muy blancas en la piel) y la lepromatosa (que es aquella en la que se crean deformaciones en las extremidades, con la posibilidad de perder los dedos de las manos, por ejemplo).

La lepra se transmite a través de las bacterias que viajan en el aire cuando una persona ya infectada tose. También se transmite por fluidos como la mucosa nasal. Para que una persona contagie a la otra, ambas tienen que estar en contacto constante por al menos siete meses o un año. Una vez contagiado el nuevo paciente, pueden pasar de tres a 25 años para que la sintomatología se presente.

A diferencia de lo que se piensa, la lepra no se contagia con un primer acercamiento sino con una relación constante con quien ya porta la enfermedad y tan pronto se esté en tratamiento el enfermo puede interactuar con la demás gente en su entorno de manera normal.

Cuando se ha detectado a una persona con lepra es necesario que se realice un estudio cada una de las personas de su familia y círculo cercano para descartar la existencia de otra persona enferma.

La clave

Al momento de contraer la lepra la respuesta del cuerpo a la enfermedad dependerá del estado inmunológico de la persona. Si el sistema inmune está bajo, se presentarán con más rapidez los síntomas y de ello dependerá el tipo de lepra que adquirirá así como el tratamiento a seguir.

El tratamiento debe prolongarse de tres a siete años y el tiempo que dure también dependerá del sistema inmunológico del paciente.

Una vez que se ha terminado el tratamiento, el paciente deberá continuar con un chequeo periódico pero  no exhaustivo, con el fin de mantener un control de su salud.

En el reporte Estrategia mundial para la lepra 2016-2020 la OMS asegura que uno de los retos de la enfermedad es eliminar el estigma en relación con la lepra. Y finaliza: “la discriminación contra las personas afectadas por esta enfermedad sigue obstaculizando la detección temprana y que se termine exitosamente el tratamiento. Muchos pacientes padecen todavía exclusión social, depresión y pérdida de ingresos por desempleo”.

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