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Mezcal, la embriaguez mística y agradecer a la tierra en Oaxaca

En Tlacolula de Matamoros, Oaxaca vivimos una ceremonia zapoteca de agradecimiento por la Madre Tierra en la que alrededor de 20 personas entre campos magueyeros nos reunimos en círculo para depositar comida, hacer una petición y verter mezcal en un hoyo en la tierra, mientras el copal nos inundaba. Las palabras y el caracol que tocaba Roberto, uno de nuestros anfitriones, eran parte de la atmósfera. “El sonido nos acompaña desde la voz, el arrullo, el sonido del viento. El toque de caracol es algo que sustenta lo que llevamos dentro, el alma”, dijo.

Las ceremonias en las que el mezcal está presente son diversas y una muy representativa es la pelea de hombres con máscaras de tigres y látigos, conocidos como tlacololeros, quienes salen en procesión rumbo a la casa del mayordomo quien les ofrece pozole y mezcal como signo de invitación. Ese ritual se realiza con el fin de tener suficientes lluvias para la cosecha en Acatlán, Guerrero. Su gran arraigo que hace patente la relación con esa cosmogonía prehispánica presente en la actualidad.

Roberto y la música de caracol

Roberto y la música de caracol Foto: Mariana Castillo

Peticiones mezcaleras

Aunque fue una experiencia creada ex profeso con nuestra visita para conocer más el Mezcal Los cuerudos con Porfirio y Raymundo Chagoya, uno a uno los invitados a esta acción, expresábamos nuestros deseos, que iban desde la búsqueda de la paz, el cuidado del medio ambiente o la conservación de las tradiciones. Roberto aseguró que “el infinito es el espiral de la evolución de nuestras razas, nuestra cultura y el universo”.

La petición más corta y que más comprendió al entorno fue la de don Marino, originario de Ejutla de Crespo, quien pidió por una buena cosecha. No más. Lleva 20 años en el mezcal, y aunque hubieron épocas malas, ahora hay trabajo y eso lo agradece. Tiene 70 años, nueve hijas y sigue cuidando los magueyes desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, diariamente. “Me gusta estar en el campo y ver cómo crecen las plantas”, expresó. Él considera que el mezcal es mucho mejor pagado que antes pues “antes se le veía como algo malo”.

Ofrenda al mezcal Foto: Mariana Castillo

Ofrenda al mezcal Foto: Mariana Castillo

Los conejos y la embriaguez

Al fondo, el artista plástico Mauricio Cervantes presentaba de manera conjunta su obra El agave y las ninfas. La leyenda de los 400 conejos estaba presente en una pieza que se encontraba a nuestras espaldas como testigo: varias sillas amarillas con rojo que ven al cielo con varios conejos sobre ellas.

En el texto Los dioses ebrios del México antiguo. De la transgresión a la inmortalidad de de Rodrigo Liendo Stuardo en la revista Arqueología Mexicana cuenta que los dioses del pulque eran diversos: “en los códices y en las fuentes escritas aparecen Ome Tochtli, Tepoztécatl, Tezcatzóncatl, Toltécatl, Yauhtécatl, Izquitécatl, Pahtécatl, Cuatlapanqui, Tlilhua y otros que en conjunto eran nombrados centzon totochtin, es decir, 400 conejos”. Cervantes tomó precisamente esta imagen de este mamífero (que por cierto vive bajo los magueyes) para hacerlo parte de este escenario que si bien no es pulquero, si tiene toda la relación con la planta.

Don Marino con la pieza de los 400 conejos Foto: Mariana Castillo

Don Marino con la pieza de los 400 conejos Foto: Mariana Castillo

Otras piezas y la comida

Además, en el terreno había 13 camas que eran otras piezas de Cervantes, parte de una instalación en una casa abandonada en Oaxaca. Esa muestra se inspiró en el mito de la caja de Pandora y ya la había presentado bajo el nombre de El sueño de Elpis. El creador contó que el mensaje principal en esas piezas es la esperanza. Uno caminaba, las veía entre los magueyes que se extendían a lo lejos. Las montañas eran las poderosas testigos y las nubes ya iban cargadas de lluvia como escuchando lo que el terruño necesita.

Finalmente, los convidados comimos un lechón exquisito que llevaba seis horas cociéndose lentamente. Era tan suave que podías partir su carne con las manos. Sus higaditos se cocinaron con jitomate, cebolla, aceituna y aceite en guisados de campo reconfortante. Ambos llegaron en la mesa para que taqueáramos en mesas comunales pasando bocado con cocteles, mezcales y cervezas. Luego, llegaron las memelas y las quesadillas para seguir hablando de abundancia. No hay ceremonia sin comida y bebida, no hay reunión mexicana sin una tortilla de por medio pues ese disco es comunión alimentaria. Es el sol que nos da la vida.

Taco de lechòn Foto: Mariana Castillo

Taco de lechòn Foto: Mariana Castillo

Agradecemos al equipo de Tradición Chagoya y a Oaxacking su apoyo para este artículo.



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