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Milpa Alta, oasis verde al sur de la Ciudad de México

“Cuando el nopal florece hay un ligero aumento de luz. Por fuerza hidráulica el nopal multiplica su imagen. Y entre espinas con que se da tormento, momento colibrí a la flor califica”, Carlos Pellicer.

Entre cerros y paisajes te olvidas que estás en la Ciudad de México. Ir a Milpa Alta es rodearse de una diversidad amplia de saberes y sabores. Hasta el aire se siente diferente en el sur.

Es la segunda delegación de mayor extensión territorial y posee una biodiversidad envidiable pues se localiza dentro de la Sierra Chichinautzin. En ella, los volcanes Cuauhtzin, Chichinauhtzin, Acopiaxco, Tetzcacoatl y Ocusacayo y Teutli son parte del imaginario y mística del lugar.

Nopaleras, milpas y sembradíos cubren el paisaje de un sitio en el que las ferias gastronómicas son parte importante de su oferta turística. La Feria del Mole de San Pedro Atocpan es la más visitada pero hay otras más dedicadas al maíz, la comida sustentable, la barbacoa, etcétera.

Nopales, un todo aprovechado

Las nopaleras, tan presentes en el escudo nacional y la identidad mexicana, se erigen amplias y verdes en el nopal como patrimonio cultural y tradición culinaria en los pueblos de San Lorenzo Tlacoyucan y Villa Milpa Alta, recordando un fragmento del “Discurso por las flores” de Carlos Pellicer que abre este texto.

Se come como verdura, así como sus tunas o xoconostles, frescos o en conserva, se usa con fines medicinales;, se aprovecha para fines cosméticos y también para menjurjes de medicina tradicional con el fin de combatir la diabetes, la gastritis, entre otros males.

Así, entre la luz y el viento, cada espina de la penca será un nopal y cuando la planta haya dado todo ese rendimiento que de ella se espera, se secará y se usará como fibra para elaborar artesanías

Mole, entre lo industrial y lo artesanal

Este alimento es uno de sus íconos y su elaboración es una de sus principales actividades económicas. Cuentan que los moles llegaron a Milpa Alta por la migración de algún poblano que hizo la receta y la ofreció en alguna fiesta.

Así, comer mole no es una tradición antiquísima por los milpaltenses, pero al menos desde hace medio siglo abastece de este insumo, tanto a sus barrios internos como a la gran urbe (que parece tan lejana de este sitio aún verde y tradicional).

Elizabeth Alvarado, dueña del restaurante El Jardín de Tláloc, nos contó que la Feria Nacional del Mole nació por que la elaboración del mismo se convirtió en una actividad económica muy importante desde la década de los cincuenta.

Hasta existe el llamado Pasillo del mole sobre la avenida Hidalgo en San Pedro Atocpan donde encontrarás tiendas de mole, desde el más industrializado hasta el artesanal.

Comerlo con una pieza de pollo o guajolote y arroz, en unas enchiladas y hasta bañando a unos tamales de fino sabor es todo un deleite que ninguna persona debería perderse.

Fiestas y energía vital

La cifra aproximada de fiestas patronales en Milpa Alta es de 700 al año, según informan personas de la localidad. Algunos hacen bromas sobre la cantidad de las mismas, pero entender la importancia de estos eventos para las comunidades lleva más de una visita (y no sólo a esta delegación sino a un sinfín de pueblos en la república mexicana).

El concepto de “energía vital” de la doctora Catharine Good se ve ejemplificado aquí: la gente menciona al trabajo colectivo como motor de vida. Ofrecer a seres superiores y a sus semejantes ofrendas de comida, música y más es un acto necesario y que genera comunidad.

Historias de revolución  

Los oriundos del lugar cuentan que diferentes revolucionarios pasaron por esta demarcación. Algunas de estas narraciones son hechos históricos, otras más son mitos. Lo cierto es que esas memorias llenan de orgullo a sus habitantes.

El Che Guevara, en conjunto con otros guerrilleros, fraguó algunas ideas y planes revolucionarios internado en los parajes de la demarcación y sus colindancias con Chalco. Emiliano Zapata y sus tropas estuvieron en el poblado de San Pablo Oztotepec y el Plan de Ayala se ratificó el 19 de julio de 1914 en este territorio, así lo contó Gabriel Sánchez de la Cruz, jefe de la Unidad de Promoción Turística de la Delegación Milpa Alta.

Cambios y contrastes

La reflexión necesaria sobre los cambios culturales, llega. El contraste del saber de los viejos, que mencionan la necesidad de conservar su suelo y sus tradiciones frente al cambio generacional de una juventud con otros valores de vida y deseos, es una realidad, que no se adjetiva ni se juzga.

“Mi hijo ya quiere que me muera para vender el terreno y comprarse una camionetota”, expresa Cándido Abad, encargado del Centro de Educación Ambiental Tepenahuac, donde la lavanda, las chilacayotas, el toloache y otros productos son parte de su día a día.

La modernidad debe verse con ojos analíticos. Si bien los cambios siempre existirán, conservar el carácter de colectivo y sustentable puede ser la diferencia para conservar la identidad y el equilibrio.

Aprovechamiento del suelo y sustentabilidad, tecnificación de procesos y tradiciones, mezcal como cura, mezcal como placer: todo eso está a casi 37 kilómetros del Centro de esta metrópolis diversa.

Agradecemos a la Delegación Milpa Alta, Crónicas del Sabor, Mezcal El Peneque, Casa Don Arturo y El Rincón de Tláloc su apoyo para este texto.

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