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Detrás de una monografía hay un gran ilustrador, él es Carlos Godínez

Estudiante mexicano que se respeta tuvo en sus manos una monografía, para ilustrar o para copiar en el cuaderno los datos que venían en la parte de atrás. Este material escolar todavía se distribuye y funciona más o menos como Wikipedia, solo que la información se divide en recuadros y contiene ilustraciones creadas por artistas visuales. Haciendo uso de sus trazos y estilo, ellos ejemplifican los puntos más relevantes del tema volviéndolo más digerible, desde historia universal, hasta medio ambiente.

Es una labor difícil, no solo aclarar con imágenes diversos temas, sino sobrevivir en el oficio, porque las monografías están cada vez más en desuso. Por desgracia.

De esto sabe muy bien Carlos Godínez, un diseñador gráfico oriundo de Iztapalapa que durante tres años trabajó en Ediciones Bob, empresa que decidió no renovar el material didáctico y recurrió al recorte de personal. Carlos y algunos de sus compañeros del departamento de ilustración sufrieron las consecuencias del desinterés por las monografías, el cual ha incrementado por el fácil acceso a internet. En 2018, ¿quién quiere pagar dos pesos por un material didáctico cuando se tiene todo un mundo de información actualizada e imágenes en la computadora?

“Las monografías tienen su chiste”, dice Carlos. Aunque ahora ya no trabaja para ninguna empresa especializada en la publicación de dichos materiales, él recuerda con gran estima esta etapa como ilustrador. De hecho, cada que sus hijos necesitan cumplir con una tarea, los lleva a la papelería más cercana de su casa y les compra monografías, de preferencia las que él hizo para que conozcan su trabajo y, también, lo que en su momento fue un gran apoyo escolar.

Conociendo a un (ex) ilustrador de monografías

De formación autodidacta, Carlos se desenvolvió en los terrenos de la ilustración desde muy joven. Sus principales inspiraciones, recuerda, fueron las viñetas del Libro Vaquero y el Libro Pasional que su mamá leía.

A pesar de su gusto por el dibujo, él nunca estudió una carrera especializada; no creía necesitarla porque veía en esa actividad un hobby. No obstante, su opinión cambió cuando se enteró que en Ediciones Bob estaban solicitando personal. Mandó su portafolio de ilustraciones digitales y, de inmediato, obtuvo el empleo.

Carlos nunca había ilustrado monografías, pero, como dicen por ahí, “la práctica hace al maestro”. Y fueron todos esos cuadernos de infancia, repletos de bosquejos, los que lo llevaron a tener soltura en la mano a la hora de crear las viñetas que le pedían. En total hizo 30 pliegos.

“La contaminación ambiental” fue la primera monografía que Carlos ilustró para Ediciones Bob. No fue para nada sencilla, pues, confiesa, la falta de experiencia en hacer figuras humanas complicó realizarla. Como esta, hubo otras monografías que le costaron trabajo porque requieren de numerosos personajes y animales.

Pero las que le resultaron más fáciles fueron “Familias vegetales” y la de “Italia”, asegura Carlos. Esta última tiene un importante espacio en su memoria, porque le tocó ilustrar un movimiento cultural que desde joven le ha fascinado: el Renacimiento.

“Disfruté hacerla porque hablaba de una época dorada donde la creatividad del hombre floreció mucho y evolucionó también las distintas ramas del arte como la arquitectura, la pintura y la escultura. Lo que más me gustó fue trazar los bustos de Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci, dos de los personajes históricos que admiro”.

Detrás de una monografía siempre hay un gran ilustrador, él es Carlos Godínez_2

Detrás de una monografía siempre hay un gran ilustrador, él es Carlos Godínez

Recordar el tiempo de las monografías

De 4 a 6 días, dependiendo el tema, es el tiempo que toma ilustrar una monografía. Bueno, tomaba. Primero se editaban los textos con la información; luego se enviaba a los ilustradores, quienes se encargaban de realizar el boceto para luego pasarlo a la computadora, ilustrarlo y, finalmente, darle color.

Era divertido y, a la vez, educativo para los mismos creadores de las monografías. “Aprendíamos datos que no sabíamos o que ya no teníamos tan frescos en la memoria”, dice Carlos, quien nostálgico añade que estos materiales didácticos no deberían morir y quedarse únicamente en los recuerdos de la vida estudiantil.

“Las monografías son parte de la cultura mexicana. ¿Cuántos millones de cuadernos de niños de primaria y secundaria no fueron decorados con estas? No debemos dejar que se pierda la costumbre de ir, comprar tu monografía, leerla y aprender de ella. Son materiales muy bonitos y detrás de ellas está el trabajo de muchas personas y grandes artistas gráficos”, finaliza.

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Para contactar a Carlos Godínez

Carlos actualmente trabaja en Skarabajo Studio, empresa que fundó hace tres años junto con un amigo. Ambos se enfocan en proyectos de modelado 3D, rendering, motion graphics, también a la ilustración digital, diseño de material y diseño industrial. Si quieres seguirle la pista a Carlos, visita sus redes sociales:

Facebook: skarabajostudio
Instagram:
skarabajo.3dmx
Behance:
jorgecarlosgodinez

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