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Noche de muertos en Michoacán, una ruta por pueblos purépechas

En la tradición de Noche de Muertos en Michoacán los muertos, ya sean niños, adultos, ancianos, con familia o sin ella, vuelven al mundo de los vivos. Ellos son los invitados principales y la comida es parte central para apapachar y recordar.

En los altares y las ofrendas no faltan platillos, bebidas, velas, flores y fotos. Se trabaja más de una semana para tener todo listo, hasta que llegan las fechas mayores. Aquí te cuento de lo que he vivido en diferentes años durante esta tradición en pueblos purépechas como Santa Fe de la Laguna, Cuanajo, San Francisco Uricho, Arocutín y la Isla de La Pacanda.

Noche de muertos en Michoacán, una ruta por pueblos purépechas y su comida

Martina Tziramba y su familia Foto: Mariana Castillo

Santa Fe de la Laguna, sus altares y el “Muerto nuevo” o “Muerto del año”

Este poblado se encuentra a unos 56 minutos de Morelia. Así como en otros hogares, ahí los preparativos comienzan desde el 30 y 31 de octubre. A pesar de que no hay mucha distancia entre los poblados en la región de la cuenca del lago de Pátzcuaro cada uno celebra de diferente manera la llegada de los fallecidos.

Las noches se pasan en vela cocinando, tanto para los convidados terrenales como para los del más allá “que absorben la esencia de los sabores y los aromas”. Estas enormes cazuelas de atole se regalan a familiares y a curiosos.

Foto: Mariana Castillo

Los altares caseros de Santa Fe de la Laguna son de los más hermosos de la región. Se visitan el 1 de noviembre por la noche y la madrugada del 2. Afuera varios hombres juegan pelota purépecha con una bola cubierta de fuego. Puedes ir de casa en casa pero recuerda llevar algo para dar: la reciprocidad es más importante que las fotos que te quieras tomar. Las familias platican con quien esté interesado en hacerlo.

Uno de los altares del “Muerto Nuevo” o “Muerto del año” en 2015 fue el de María Luisa Carlos Garay. En esa costumbre se honra a quienes partieron ese año con un homenaje más grande. Cerros de frutas, panes y dádivas que eran recibidos con júbilo se agradecieron con platillos de maíz. María Luisa vivió 99 años y era la madre de Inés Dimas, una reconocida y respetada cocinera michoacana. Sus churipos, un caldo especial, y otros manjares son la gloria misma.

Foto: Mariana Castillo

Cuanajo, ofrendas en forma de caballos, canastas y comida

En este sitio ubicado a 53 minutos de Morelia, los altares tienen forma de caballo, similares a esos de la historia de Troya. Se cuenta que “era la idea de los antiguos” que la muerte venía en este animal y por eso quedó la costumbre de elaborar estructuras de madera emulando al equino.

Se decoran con cempoalxóchitl, chayotes, naranjas, nanches, mazorcas, calabazas, plátanos, cañas, pan de mujer (“porque no tiene huevo”), velas y más. En fechas recientes han decidido que uno de gran tamaño adorne la plaza del pueblo. Los más habituales son los pequeños y se hacen el 1 de noviembre por la mañana en familia.

Foto: Mariana Castillo

Ahí la celebración se vive de día, el 1 de noviembre. Se va de casa en casa entregando una ofrenda en una canasta con velas y frutas, en servilletas bordadas, de esas que se ven en las casas de las abuelas. Se intercambian por tamales y atoles, como en una especie de trueque. Los niños y jóvenes acompañan esta actividad colectiva.

Enormes cazuelas alojan pozole de maíz rojo o blanco con cerdo, así como los nacatamales –unos tamales “de la carne de cuatro puercos” con chile guajillo y perón en hoja de totomoxtle–, el chocolate y el atole de pinole con maíz negro.

Foto: Mariana Castillo

De sus tamales y más

Las mujeres en grupos (en este y otros poblados) participan en la elaboración tamalera. Durante dos días, desde el 31 de octubre, sin parar las manos llenas de masa y voluntad regalan sus ganas. “Aprendan cómo se hace, porque se van a venir a vivir aquí”, bromean las señoras generosas con los fuereños. Las campanas no dejan de sonar, es la melodía del recuerdo.

Los altares caseros y los arcos exteriores en las calles los hacen los hombres. Los panteones se ven repletos de frutas, flores y panes antropo y zoomorfos. En los hogares esas mesas especiales y por niveles se coloca lo que los homenajeados disfrutaban en vida, ya fuera un mole, una calabaza en tacha (aunque dicen los locales que “hoy en día solo los viejos queremos eso”), se solía poner la yunta (o la herramienta con la que trabajaban) los finados, un cigarro, una cerveza o un mezcal.

Foto: Mariana Castillo

San Francisco Uricho, los tres niveles y los arcos

Martina Tziramba, matriarca de su familia, cuenta que antes se ponían las velas en chilacayotes para hacer “la espera de los difuntos” porque no había candeleros: “Éramos muy pobrecitos y no teníamos para nada y ahí sí caben varias”, dice.

En sus ofrendas tienen tres niveles y en cada charolita se coloca lo que será para cada difunto. “Mas antes les poníamos en tiempo de patos uno a cada uno. Ahora ya no hay, así que damos las comiditas que les gustaban: un molecito, un chilito de mole o un arrocito”, explica.

Su hija María Luisa, canta unas pirekuas, esos poemas musicales en purépecha. Ella es parte de un grupo de 10 mujeres que venden huanengos (blusas bordadas), rebozos, manteles y más en la calle de Bolívar 188 de este lugar. Ahí tienen la creencia de que solo con el gran arco a la entrada del pueblo los espíritus pueden encontrar el camino a casa el 1 y 2 de noviembre.

Foto: Mariana Castillo

Arocutín, un panteón luminoso

Es otro sitio sin igual al que se acude de noche el 1 de noviembre y la madrugada del 2. Arocutín está en el municipio de Erongarícuaro y hay que cruzar su atrio lleno de tumbas decoradas e iluminadas por la luna y las veladoras para llegar al Templo de Nuestra Señora de la Natividad, en lo alto del cerro. Su patrona es la Virgen Inmaculada de la Concepción.

Las campanas, los rezos y los grillos son la música nocturna. Hay que observar y ser empático, respetar a quienes ese día están de duelo, pero a la vez de fiesta, con nostalgia y dedicación.

La magia está ahí, es avasalladora y generosa, requiere silencio y humildad. El cariño se manifiesta de muchas maneras para los “muertitos”. Afuera, vendedoras de comida ofrecen café de olla o atole y hasta antojitos como tamales y tostadas para calmar el frío y el antojo.

Foto: Mariana Castillo

Isla de la Pacanda, otro lugar donde no se duerme

Durante la primera noche de noviembre no se duerme. Este es otro lugar especial para recordar, y pertenece al municipio de Tzintzuntzan. Para llegar debes ir al muelle de Ucazanaztacua y cruzar el lago de Pátzcuaro.

Hay que dejar de lado la mercantilización de la fiesta: se debe entender que para asistir a estos festejos requieres ser respetuoso y sensible con los pobladores y apreciar la noche, su silencio.

Pasarás por sus calles y verás sus panteones y la iglesia. Existe la posibilidad de pasar ahí la noche y por la mañana observar la hermosa vista del lago de Pátzcuaro, las islas circunvecinas y la meseta purépecha.

Foto: Mariana Castillo

Guías especializados y tour operadores

¿Te gustó lo que leíste? Imagínate vivirlo: la única forma de amar tu país es conociéndolo a través de sus personas.

Si requieres un guía o agencia de viajes, estas son dos sugerencias:

  1. Cristina Potters, especialista en alimentación y cultura, da recorridos culinarios especializados para cada cliente, en CDMX, Oaxaca y Michoacán, así como el de Noche de Muertos en este estado. Su correo es patalarga@gmail.com y puedes leerla en México Cooks!
  2. Casa Maya es una agencia de viajes en Morelia operada por César Santana, quien es guía de turistas acreditado por SECTUR Federal y que ofrece paquetes para esta fecha. Esta agencia se encuentra en Avenida Camelinas 5030, local 4A, en Plaza Morelia. Su teléfono es el 4433 370350 y su mail es viajescasamayavip@hotmail.com

Agradezco a Cynthia Martínez del restaurante San Miguelito todo su equipo su apoyo y hospitalidad para poder escribir este artículo.

Más sobre Día de Muertos

Hace tiempo escribí un texto sobre algunos platillos de Día de Muertos en Michoacán y puedes leerlo aquí:

Platillos tradicionales para el Día de Muertos en Michoacán

También te comparto un evento al que puedes ir en Capula, en el marco de estas celebraciones:

Las catrinas de Capula: asiste a la edición 2017 de esta feria artesanal michoacana

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https://blog.seccionamarilla.com.mx/mole-negro-dia-de-muertos/

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Noche de muertos en Michoacán, una ruta por pueblos purépechas
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