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Pan de muerto en México, variedad para celebrar a los difuntos

El pan de muerto en México es entrañable y necesario para festejar el Día de Muertos. Este alimento es una muestra de los saberes y los insumos que llegaron con el mestizaje, como es el caso del trigo, que sin las creencias y la simbología prehispánica propia de las ofrendas de los pueblos locales y su interpretación de los sabores no sería lo que es hoy en día.

Su forma circular representa el ciclo de la vida y la esfera en el centro de la parte superior representa un cráneo. Por su parte, las cuatro canillas simulan huesos y están colocadas en forma de cruz para hacer referencia a los cuatro rumbos del universo.

Los predecesores del pan de muerto

Las ofrendas a los muertos eran habituales en las culturas prehispánicas y una que se parece a lo que celebramos en la actualidad era la que se hacía para la diosa Cihuapipiltin y estaba dedicada a las mujeres que morían en el primer parto: se creía que ellas rondaban por el aire causando enfermedades entre los niños, y para evitar su ira se le hacían regalos en el templo.

Esta deidad recibía alimentos de diversas figuras, como mariposas o rayos hechos con amaranto; y “pan ázimo”, un amasijo de maíz seco y tostado. Bernardino de Sahagún lo describió así porque no tenía cal y se le nombraba yotlaxcalli. Otras personas ofrecían tamales (xucuientlamatzoalli) y maíz tostado (izquitil). Casi toda la ofrenda era de amaranto, que era considerado un alimento especial.

Antes, eran los tamales

Fray Diego de Durán dijo en su crónica sobre la ofrenda de Huitzilopochtli que la gente “no comían otra cosa que no fuera tzoalli con miel”. Esa mezcla tenía amaranto y miel de avispa o maguey; con ella hacían una imagen de la deidad, la adornaban y la vestían. Le elaboraban huesos grandes que se colocaban a los pies del ídolo. También le ofrendaban unas tortillas pequeñas que compartían al terminar la fiesta.

El equivalente al pan de muerto como lo conocemos en la actualidad es el huitlatamalli, que era una especie de tamal. En la época prehispánica se hacía papalotlaxcalli o “pan de mariposa”: a una tortilla se le imprimía un sello en forma de mariposa y una vez cocida, se pintaba, como el caso de las tortillas ceremoniales.

Otra versión

Y como visiones e historias no faltan en el tema de la comida te compartimos un fragmento del texto del historiador José N. Iturriaga, quien escribió Historia y origen del pan de muerto:

Ya que los 365 días del año no son suficientes para honrar a todos los santos, el papa Bonifacio IV comenzó en el año 607 una celebración colectiva que llamó “Día de Todos los Santos”, y en el año 732, el papa Gregorio III dedicó el 1 de noviembre a esta celebración. El Día de Todas las Almas, el 2 de noviembre, fue establecido por Odilón a finales del siglo X para interceder por las almas de los muertos. En el siglo XIII, esos días se celebraban en todos los países católicos.

Estas tradiciones europeas coincidieron en México con diferentes rituales vinculados con la muerte que las principales ciudades prehispánicas celebraban. El noveno mes del calendario azteca fue consagrado a los niños muertos y el décimo a los adultos. En el mes Izcalli, se hacían en las tumbas las ofrendas de tamal y se comían ahí mismo. Estas tradiciones hicieron que la celebración religiosa del 1 y 2 de noviembre fuera calurosamente acogida por los nativos, ya que coincidía con sus antiguos rituales precolombinos.

A estas se añadieron algunas antiguas costumbres españolas: por ejemplo, ofrendas con alimentos que, en algunos casos, las comían los parientes. En Segovia, hicieron “pan de ánimas” y en Aragón, “huesos de santo” de mazapán. En las nuevas ofrendas mexicanas, ahora llamadas mestizas, se incluye el tradicional pan de muerto, entre otros platos, junto con bebidas que los muertos disfrutaban en vida.

Pan de muerto en México

Hay diferentes tipos de pan de muerto en México:

En Tlaxcala se prepara con los mismos ingredientes empleados en la elaboración del pan de fiesta local, que lleva huevo y hierbas frescas, y puede ser alargado o redondo.

En Puebla está espolvoreado con ajonjolí y algunos incluyen en su mezcla esencia de azahar. También se hacen los golletes que son roscas coloridas y el sequillo, un pan seco de color amarillo.

En Hidalgo las cajitas simulan a los féretros usados para el entierro y la rosca de la vida, de consistencia dura, adornada con huesos o canillas de manteca, que son la representación de huesos humanos, tienen una gran semejanza con aquellos elaborados en honor al dios Omacatl, según los oriundos del lugar.

El de Oaxaca está hecho con anís, yema de huevo, vainilla y ajonjolí y rostros plásticos en la parte superior para representar a los muertos. Hay otras variantes hechas con pulque, y las “regañadas” son panes de pasta hojaldrada colocados en las ofrendas para representar las almas de personas o animales.

En Morelos se come un panecillo antropomorfo sumamente adornado y destaca porque con bordes de la misma masa se elaboran curiosos bracitos a los lados.

En Michoacán la variedad es extensa: existe el pan de ofrenda elaborado con harina de trigo, levadura de soya, azúcar y sal. La masa cocida es creativa y colorida: vírgenes, conejos, burros, campesinos, sombreros, campesinas, etcétera; son parte de las figuras representadas.

Más panes deliciosos

El pan de hule, parecido al pan de ofrenda, es moreno, redondo, brilloso y lleva en la superficie una dedicatoria a los esposos, novios o suegros.

También existe la rosqueta, hecha con hojas de plátano, anís y piloncillo y los panes con forma de flores y calaveras que tienen pintados los nombres de los difuntos y de los vivos, con refranes y sentencias.

Realza en esta zona, por su peculiar nombre y simbolismo, “la rodilla de Cristo”, un pan redondo reventado con azúcar rosa (para representar las heridas del Santo) y que es colocada en los altares.

Actualidad del pan de muerto mexicano

En la actualidad, esta rica receta tradicional tiene sus variantes en los distintos estados y además, existen otros panes típicos que son consumidos y colocados en las ofrendas durante esta época.

Los más conocidos son los que se preparan con leche o agua. Algunos de los ingredientes de estas recetas son anís, vainilla, mantequilla, agua de azahar y ralladura de naranja. Está cubierto con azúcar o ajonjolí. Incluso, hay otros tradicionales que se elaboran con pulque.

En algunas panaderías (sobre todo en las ciudades) se le agregan chispas de chocolate, arándanos, nueces o pasas y hasta están rellenos de nata, cajeta, chocolate, mermelada o crema pastelera o montada con algún sabor (y estos tienen tanto sus fanáticos como sus detractores).

Sea cual sea tu preferido, aprovecha esta fecha para darte un festín con la rica variedad de panes mexicanos.

¿Cuál se te antojó más? ¿Conoces alguna otra variante o historia sobre panes de muerto?

Fuentes: uv.mx, cdi.gob.mx, PR People, Oaxaca Travel y Secretaria de Turismo Michoacán.

 

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Día de Muertos y descubre el colorido y los rituales en torno a esta fecha.

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