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Picnic, el origen de la tradición de comer al aire libre

La musicalidad de esta palabra me gusta. Seis letras que se dicen de dos golpes, suena a juego. El picnic es un buen pretexto para compartir los alimentos y comer al aire libre. Es urgente que quienes vivimos entre grises gigantes y prisa nos detengamos a buscar oasis para abstraernos del frenesí, y qué mejor si hay delicias de por medio.

Este anglicismo proviene del francés pique-nique que era usado a mediados de 1600 para describir a los gourmands que llevaban su propio vino a las reuniones.  Sin embargo, es probable que los picnics daten de la Edad Media en la que cazar era una actividad de las clases poderosas y compartir lo que se capturaba en festines campestres era bien valorado.

La Real Academia de la Lengua no lo ha incluido en el inventario léxico del español pero sí existe una palabra relacionada y es “pícnico” que define a alguien “de cuerpo rechoncho y con tendencia a la obesidad”. Los pícnicos van de picnic.

Picnics are very dear to those who are in the first stage of the tender passion.

Arthur Conan Doyle.
Le Déjeuner sur l'Herbe de Édouard Manet

Le Déjeuner sur l’Herbe de Édouard Manet

Picnic para 40

En la época victoriana estas comidas eran una demostración de opulencia. En el libro pilar de la gastronomía inglesa Mrs. Beeton’s Book of Household Management, editado por Isabella Beeton y publicado por primera vez en 1861, se detallan las instrucciones para hacer un picnic.

Entre la lista del menú necesario para 40 personas se menciona: roast beef, cuatro pasteles de carne, cuatro pollos rostizados, dos patos rostizados, cuatro cheesecakes y un pudín grande de ciruela pasa. Para la sed, sugería cerveza, claret (un tinto claro de uvas merlot, cabernet sauvignon y cabernet franc, que debe consumirse muy joven), jerez y brandy.

Picnics en el arte

Hay un gran número de cuadros emblemáticos de diferentes movimientos pictóricos que muestran escenas de picnic como el impresionista Le Déjeuner sur l’Herbe de Édouard Manet, el corpulento Picnic en las montañas de Fernado Botero, y el realista Picnic en Ipanema de Juárez Machado.

La literatura tampoco se ha quedado atrás para reflejar este acto de encuentro social. Women in Love de David Herbert Lawrence erotiza la escena del picnic con dos mujeres nadando desnudas refrescándose con “caliente y aromático” té, el sencillo picnic al final de To the lighthouse en el que el señor Ramsey come pan con queso con los pescadores, o el mencionado en Circe de Julio Cortázar para hablar de la desventura: “los domingos se iban a Palermo o de picnic sin siquiera avisarle“.

En el cine también se reflejan a los picnics como parte de la cultura contemporánea: en Partie de campagne de Jean Renoir se evoca la escena del cuadro de Manet en Seine-et-Marne, Francia; en Sideways de Alexander Payne, agridulce y genial historia, hay un breve momento feliz de los personajes en los viñedos de Santa Barbara en California; y en Up de Pete Docter Carl y Elli sueñan con un viaje, que es clave en la entrañable historia, acostados en el pasto después de un picnic.

¡Haz un picnic!

En México poco a poco se organizan eventos relacionados con los picnics: hay algunos temáticos en el mundo gastronómico para los amantes de la comida,  y algunos literarios para fomentar el intercambio de libros y la lectura.

Así, el picnic quizá nos guste porque evoca libertad y amor, comunión y un tiempo en el que no hay horas sino charlas y comida para acompañarlas. El hedonismo se lleva en una canasta para degustar, beber y vivir.

Fuentes: history.com, letras.ufrj.br y theguardian.com

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