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Rodrigo Salazar y la versatilidad de un Kinect

Rodrigo Salazar Kinect

Justo dos años atrás, en marzo de 2015, un mexicano de nombre Raúl Rojas González se convirtió en el primer latinoamericano en ser reconocido como el Académico del Año en Alemania por la Asociación de Facultades y Universidades de ese país. El mérito no fue para menos, de acuerdo con el Índice Mundial de Innovación 2016 Alemania se encuentra en el décimo puesto en el mundo por su dedicación a la ciencia, esto dado el alto nivel que tienen sus universidades, el número de publicaciones científicas y la cantidad de solicitudes internacionales de patente.

Aunque no lo dice, Rodrigo Salazar Zugasti es fiel seguidor de Raúl Rojas. Este joven de apenas 23 años ha seguido, desde la Ciudad de México, algunos de los pasos que caracterizan la carrera del científico mexicano radicado en el país de la canciller Ángela Merkel, cuyo expertise supera la edad del chico egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Rodrigo parece un chico común, viste una camisa blanca y un pantalón negro de mezclilla. De camino al pequeño cuarto de dos ventanas que dan al patio y que se utiliza como laboratorio, el joven saluda a una chica y ríe mientras ella le recuerda que “le debe una salida”.

Cuando niño, confiesa Rodrigo con la risa que deja ir con la vibración de nerviosismo, pensaba en ser soltero y dedicarme a la ciencia, “ahora el único plan que ha cambiado es el de no casarme”. Rodrigo no es tímido y presume que ha practicado hockey, boliche, tenis y futbol, y actualmente entre dos o tres días a la semana sale a correr durante 40 minutos.

Lo que ha hecho poco común a Rodrigo es la ciencia. Sus padres son ingenieros en sistemas computacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e impulsado por ellos su primer proyecto de ciencias en la preparatoria la Salle fue un brazo mecánico movido a través de Kinect –un controlador de juego desarrollado por Microsoft con el que se establece una interacción con la consola sin la necesidad de tener contacto físico.

Los demás proyectos del egresado de la ingeniería en mecatrónica son diversos: en su haber tiene la creación de aviones de radio control que lo llevaron a ser distinguido con el  premio Wright Brothers Master Pilot que otorga la Administración de Aviación Federal de Estados Unidos. También ha creado drones para participar en carreras de este tipo de artefactos al lado de la empresa mexicana Think Air, y en dichas competencias Rodrigo llegó a ser el primer lugar.

Entre 2014 y 2016 Rodrigo trabajó un proyecto llamado CNC, una máquina para hacer prototipos de madera o aluminio que puede ser utilizada por un ebanista, por un arquitecto para hacer sus maquetas e incluso para crear drones.

Rodrigo hizo una primera CNC pequeña, cuando decidió llevar a cabo una máquina más potente solicitó apoyo por 40 mil pesos en Donadora: no logró la meta. Comenzó a crear drones para pedidos especiales de sus compañeros del ITAM y así recaudó el monto necesario para mejorar su CNC que ya vende por pedido y cuyos precios (de acuerdo al tamaño y aplicación de la máquina) van desde los 50 mil hasta los 120 mil pesos. No obstante, Rodrigo no busca dedicarse por completo a la venta de dichos artefactos.

Una silla de ruedas con Kinect

El proyecto de tesis de Rodrigo es la creación de una silla de ruedas autónoma.

“Imagínate llegar a un hospital y que el camillero, a través de una tablet, elija que una silla de ruedas se acerque y ‘te ayude’ a sentarte, acto seguido él le indique que te lleve por cuenta propia, por ejemplo, a la sección de neurología”.

La idea de Rodrigo, que se encuentra en prototipo, le pisa los pies a la creación del grupo de mexicanos en Alemania que están liderados por Raúl Rojas. Allá los investigadores Adalberto Llarena, Antonio Álvarez y Omar Mendoza adaptaron un poco de la tecnología aplicada a los carros autónomos –uso de GPS, láseres y sensores— a una silla de ruedas; la diferencia radica en que el primer proyecto está enfocado al uso en los hospitales y el otro al uso doméstico por personas que padecen mal de Parkinson o esclerosis múltiple.

A la par del desarrollo de la silla de ruedas, Rodrigo, al igual que Raúl Rojas, ha puesto un gran interés en implementar tecnología para echar a andar un auto eléctrico. Su automóvil personal lo ha intervenido, aún le falta adquirir un cargador y un sistema BMS que usualmente se utiliza en los sistemas de calefacción e iluminación de un edificio.

La diferencia entre el trabajo que desarrolla Rodrigo con el que ha logrado Raúl Rojas son los materiales. Rodrigo explica en entrevista con Sección Amarilla que él ha empleado elementos de muy bajo coste en comparación con la tecnología que aplica el mexicano ganador del premio alemán. Para la silla de ruedas, por ejemplo, el joven de 23 años decidió utilizar el sistema Kinect (de nuevo) cuyos sensores ayudan a que la silla de ruedas no choque al ir apenas por debajo de los 20 kilómetros por hora a través de los pasillos de un hospital.

Rodrigo concluye la entrevista con una reflexión:

“En el ITAM los mismos compañeros te alientan a estudiar más y fue lo que me gustó de estar aquí. Los viernes no son para ir a beber o estar siempre de fiesta, la mayoría de las veces nos dedicamos a estudiar.”

Si estás interesado en estudiar alguna otra disciplina o licenciatura dedicada a las ciencias exactas te sugerimos revises el directorio de universidades en Sección Amarilla.

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