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En aumento el número de jóvenes que consumen alcohol y drogas

Consumo de alcohol y drogas en adolescentes

Consumo de alcohol y drogas en adolescentes en aumento en México

Según estadísticas de la Encuesta de Consumo de Drogas entre Estudiantes 2014, cada vez son más los hombres y mujeres jóvenes que consumen alcohol a edades más tempranas y en mayores cantidades. El investigador Jorge Villatoro señala que en México 53% de la población ha consumido drogas alguna vez en la vida. De ese universo, 74% son estudiantes de bachillerato (de 15 a 18 años de edad). En el diario La Jornada se leen los resultados de la encuesta: “En el país, 14.5% de las personas reconocen tener un consumo excesivo de alcohol, pero entre los adolescentes es de 21% para las mujeres y 27% para los hombres.”

¿Por qué los jóvenes buscan contacto con sustancias que alteran su estado de conciencia?

La respuesta la podemos observar en los sentimientos de abandono, soledad, desánimo, apatía, depresión, miedo, angustia y frustración en que, a nivel familiar, están inmersos.

¿Por qué llega un adolescente a deprimirse?

De acuerdo con los datos del Instituto Mexicano de la Juventud (publicados en el diario Informador de Jalisco), los jóvenes han reportado sentirse solos, vacíos y sin muchas esperanzas de “hacerla” en la vida. Además, el INEGI  señala que 40.8% de los suicidios ocurren en jóvenes de 15 a 29 años. El 74% de ellos se dan al interior del hogar. Asimismo, se prevé que esto vaya en aumento, pues así lo han demostrado las cifras del 2000 a la fecha.

Los adolescentes necesitan expulsar la energía -propia de la edad- en creación y libertad de hacer lo que aman. Sea pintando, fotografiando, patinando, cantando o bailando, pero el adolescente debe permitirse soñar, desear un futuro.

Por el contrario, la sociedad, los padres y madres solemos ser jueces autoritarios en busca del “sentido práctico de la vida”: “No, eso no sirve”; “no, eso no es ser productivo”; “no, eso es ser un vago”; “piensa en tu futuro, ¿de qué vas a vivir?”. O simplemente “ahorita no”. No permitimos, reprimimos.

Muchos padres y madres consideran que dotar a los hijos e hijas de cosas materiales es darles lo mejor. Por eso trabajan largas jornadas laborales. Pero en ello nos alejamos de nosotros mismos y, por su puesto, de nuestros hijos e hijas. Simplemente no quedan ganas ni tiempo. Así, perdemos la posibilidad de contactar en tiempo y espacio con aquellos que amamos y que necesitan observación, convivencia, comprensión, comunicación, reconocimiento. Perdemos la posibilidad de contactar emocionalmente con ellos, de conocerlos y apreciar su valía por el solo hecho de existir.

La importancia del sentido de vida

Cuando el adolescente pierde el sentido de vida siente miedo y busca con desesperación ponerse en contacto con su interior. Si no puede expresar lo que está sintiendo, busca callar aquello que le duele. De ahí la búsqueda de soluciones que lo contactan con el consumo de sustancias y estupefacientes.

Cuando un joven no cuenta con elementos que lo hagan sentirse vivo, valioso y amado, es muy probable que sienta que no es aceptado, ni querido por el solo hecho de existir; es muy probable que se deprima, se aísle, que desee morir o depender de sustancias externas “que lo hagan sentirse bien”.

Aunado a esto, la situación actual en México ha incrementado la presión sobre ellos. Ahora ya no es suficiente estudiar, ser ordenado, disciplinado, limpio, honesto. Se han sumado otros factores como: trabajar, ser extrovertido, ser popular y, por ende, dejar de ser ellos mismos.

Saber qué siente y piensa un joven implica no juzgarlo, no exigirle cosas que ni los adultos podemos cumplir. Implica dejarlo ser, descubrir desde su interior qué le gusta, con qué siente pasión. Para ello requerimos escuchar más y exigir menos.

En una vida familiar que dé estructura, orden y coherencia, el adolescente irá calmando su des-orden y des-estructura internos. Irá descubriendo para qué y por qué le gusta vivir en este mundo y encontrará eso que llamamos sentido de vida.

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